Escaleras mecánicas

VIGO

Era una vieja película portuguesa, de principios de los 80. Creo que la dirigía Manoel de Oliveira. Era una historia de amor entre un pobretón y una mujer castigada por la vida, ambos ya entrados en edad y residentes en Lisboa. Llegada una secuencia, se encuentran en la calle un billete de lotería. Y comienzan a fantasear con un futuro de lujo. Ella sugiere ir al Carnaval de Venecia. Él se imagina tomando el sol en Copacabana. Y así continúan, señalando destinos, hasta que él zanja el debate con una frase que me impactó: «Vamos para Vigo, ó Corte Inglés, a subir e descer as escadas rolantes».

Confieso que me quedé atónito. No daba crédito a lo que estaba oyendo. Pero entendí que, en algún imaginario portugués de hace décadas, existía una fascinación con Vigo y con el centro comercial donde es primavera antes que en ningún sitio. Y la esencia de aquel deslumbramiento eran las escaleras mecánicas. Algo a lo que no das ninguna importancia. Pero que, si no las has usado nunca, puedo entender que te parezcan una máquina asombrosa. Susceptible de proporcionarte una experiencia vital como la que anhelaba aquella pareja de pobretones lisboetas en la película de Oliveira.

A España, las escaleras mecánicas llegaron hace medio siglo, en 1961, al metro de Madrid. Hoy es el suburbano con más kilómetros de esta máquina del mundo. Antes, en 1909, ya habían sido presentadas en la Expo de Valencia. Y la llegada de esta tecnología a cualquier ciudad era todo un acontecimiento. Que se olvidaba para convertirse en algo común en cuanto se usaban dos o tres veces.

Ahora vuelven a Vigo las escaleras mecánicas. Lo harán en la calle Segunda República, entre la Porta do Sol y el Concello. En su primera fase, salvarán un desnivel de diez metros, tendrán dos tramos y costarán 400.000 euros. No es la primera vez que se plantea en la ciudad una idea semejante. Durante el bipartito, la conselleira Táboas presentó un proyecto desde O Berbés a O Castro. Se quedó en papel bien remunerado a los redactores de la idea. Ahora, llega el segundo asalto. Y está por ver cómo se lo tomarán los vigueses. Y si la moda se extiende y termina por afectar a la fama de bien modeladas pantorrillas, y aun traseros, que se atribuye como resultado de las proverbiales cuestas de la ciudad.

Como somos de natural polemistas, yo ya he escuchado y leído opiniones en contra del proyecto. Pero en Barcelona existen desde hace años, en espacios emblemáticos, como el parque Güell. Y en Hong Kong están las más largas del mundo al aire libre, con 800 metros de largo y 135 de desnivel. Saber, no sé si serán útiles las escaleras mecánicas. De lo que estoy seguro es que la inauguración será la bomba. Y que iremos todos a probarlas como los pobretones lisboetas que, en la peli de Oliveira, soñaban con subir en la vida en escadas rolantes.

eduardorolland@hotmail.com