Curiosidades del «Polycommander»

Preguntas y respuestas tres décadas después del incendio y la marea negra provocada por el embarrancamiento del petrolero en Cíes


Vigo / La Voz

Un entusiasta vigués contaba esta semana una hermosa anécdota en un blog: su abuelo, buceador profesional, había rescatado una máquina de escribir del pecio del Polycommander. Es una bonita historia con un «pero» importante: nunca existió un pecio del Polycommander. Porque el petrolero noruego no se hundió. Así que vamos a hacer repaso de algunos mitos y leyendas sobre la catástrofe desatada el 5 mayo de 1970.

Es lugar común que el Polycommander, en pleno viaje entre Sidón (Líbano) y Donges (Francia), se accidentó al entrar en la ría de Vigo. En realidad, embarrancó en las Cíes al salir, después de hacer una escala de urgencia para dejar a la camarera Karin Alstad, que fue ingresada en una clínica de la ciudad.

El accidente se produjo a las 4.20 horas en la isla de Monteagudo, en la boca norte de las Cíes. Sobre las causas, se mantienen aún hoy encendidas disputas. Son muchos los testigos que afirman que el capitán del petrolero estaba completamente borracho. De hecho, se asegura que no estaba en el puente de mando, ya que era incapaz de salir de su camarote. Pero otras fuentes apuntan a un error del timonel, que retrasó un cambio de rumbo, sin prever la inercia del buque cargado.

El capitán de la Marina Mercante Tomás González, autor de una monografía sobre el accidente, apunta al práctico del puerto: «Aunque el capitán es el responsable en todo momento de la seguridad de su buque, aún con práctico a bordo, éste es un perfecto conocedor de la ría y de sus peligros, por lo que también tiene parte de responsabilidad». Y sospecha que pudo haber problemas de comunicación: «Descartado un fallo de máquinas o del timón del buque, que no ocurrió, o un inaceptable despiste del práctico y del capitán, la causa más probable pudo ser ?las dificultades del idioma entre el capitán y el práctico?, por lo que en el puente de mando no se entendieron sus indicaciones».

Lo cierto es que el Polycommander toca fondo y se rompen los tanques 5 y 6, vertiendo a la ría 15.000 toneladas de crudo Light Arabian, unos 18 millones de litros, un tercio de las 49.414 toneladas que transportaba.

El petrolero se incendió, hubo explosiones y la ría amaneció con una densa nube de humo negro. Es común también la leyenda de que, en aquel infierno, hubo muertes. Pero no es cierto. Los 39 tripulantes que viajaban a bordo del Polycommander fueron rescatados. Tampoco hubo muertos entre los participantes en el rescate y extinción del incendio, pero sí heridos. Marineros de un remolcador sufrieron quemaduras durante los trabajos.

La mayor parte del crudo pudo ser rescatado y trasvasado al petrolero Albuera, así como al Campaláns, Campollano y Camponalón. Dos meses y medio estuvo el Polycommander embarrancado en Cíes, hasta que fue desencallado, el 20 de julio de 1970. Fue entonces adquirido por armadores griegos, que pagaron 28 millones de dólares por el barco chamuscado. Sin embargo, no abandonaría la ría hasta mucho más tarde. Porque fue fondeado frente a Barra para unas primeras reparaciones hasta que, en octubre, zarpó con el remolcador Nisos Delos rumbo al Pireo, en una accidentada singladura que le obligó a pedir ayuda en Gibraltar. El Polycommander fue reconstruido y volvió a navegar, bajo el nombre de Yanxilas, prestando servicio hasta 1985 en que fue a desguace.

Derrames anteriores

Muchos atribuyen al petrolero noruego la primera marea negra de Galicia. Pero ni siquiera lo fue de la ría de Vigo, ya que antes ya habían sufrido accidentes y derramado crudo frente a las Cíes el Janina (1957) y el Yanxilas (1965). Este último curiosamente tenía el mismo nombre que más tarde adoptaría el Polycommander. Tampoco fue el primer accidente del propio buque noruego. Porque meses antes, el 7 de febrero de 1969, ya había derramado 200 toneladas de petróleo en Aruba, en las Antillas, en otro siniestro.

Lo que es seguro es que el accidente tuvo repercusión mundial. En 2010, EEUU desclasificó documentos en los que su Departamento de Estado pedía a Madrid información sobre las consecuencias ambientales del siniestro. Pese a las presiones del lobby petrolero, Washington temía ?con razón- que los súperpetroleros pudieron crear grandes catástrofes. Incluso el siniestro fue portada de la revista New Yorker en mayo de 1973, en un reportaje sobre los peligros del transporte masivo de crudo en barcos.

En España, aún bajo la dictadura, se negó la marea negra. En el mismo verano de 1970, con el Polycommander aún a la vista, abundan los reportajes en los diarios sobre el magnífico estado de las playas. Y las declaraciones de políticos en la misma línea. Tampoco se difundió nunca el efecto de los dispersantes que llegaron desde Reino Unido y que fueron fumigados sobre la ría. Hasta 1972, incluían productos aromáticos hoy prohibidos que son catastróficos para la vida marina. Y altamente nocivos para el ser humano, pudiendo provocar la muerte.

Pero de esto sabían poco los niños que, en los 70, jugaban en Samil y en O Vao y escuchaban a sus madres advertirles: «¡No juegues en la orilla, que te vas a manchar de pichi!?. 43 años después del accidente, aquel pichi que manchaba a los niños queda como un lejano recuerdo. Pero forma parte de las 15.000 toneladas de Arabian Light que fueron vertidas y que siguen ahí, en las playas, en rocas o en el fondo del mar. Donde no, nunca hubo un pecio del Polycommander.

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