La Cruz (2 parte)

Jorge Lamas Dono
Jorge Lamas EL ÁTICO

VIGO

Por unanimidad, PP y PSOE han acordado no volver la vista atrás. Han respaldado «el pasado, pasado está». Han acordado que la Cruz de los Caídos es un animal de compañía. Que no tiene nada que ver con Franco. Que es una cruz y que le molesta a la Iglesia que se hable de ella, cuando debería molestarle que se le atribuyan otras connotaciones tan alejadas del amor fraterno y universal proclamado por quien murió en una de madera hace dos mil años. La decisión del PP no sorprende a nadie. Es el discurso oficial del partido y cada uno de los que votaron afirmativamente ayer asume el sentido de su voto. Más sorprendente semeja la abstención de quienes hace unos días iban a llorar a sus paseados y fusilados al cementerio. Giraron la cabeza y a silbar. ¿Botana? ¿Martínez Garrido? ¿Quiénes? Aluden a un acuerdo plenario de hace treinta años, cuando el miedo todavía presidía la actualidad española como se encargó de recordar Tejero. Un acuerdo, que fácilmente podría ser corregido por otro acuerdo, como seguramente algún día se hará en esta ciudad.

Y lo más extraordinario es que algunos de los concejales ¿socialistas? que ayer votaron abstenerse de derribar el símbolo franquista, reclamaban no hace mucho y por escrito su derribo.

Se pongan como se pongan, la Cruz de los Caídos es un elemento erigido en 1961 e inaugurado por el dictador Francisco Franco para recordar a los trescientos y pico soldados nacionales de Vigo que murieron en la Guerra Civil. Eso es un hecho irrefutable y lo demás son ganas de afirmar que la Cruz de los Caídos es un animal de compañía. Y a la Iglesia tampoco le debería interesar demasiado que su símbolo principal, la cruz redentora, sea mancillada por aquellos tiempos injustos y malditos.

jorge.lamas@lavoz.es