Pocas ocurrencias habrán satisfecho tanto a Abel Caballero como la idea del alcalde de Santiago de declararlo persona no grata. Que un compostelano, del PP además, le declare la guerra por [siguiendo su propia nomenclatura] defender Vigo, es una salida que ni el propio regidor olívico había soñado. Y si además los concejales del PSOE de Santiago se suman a la crítica, entonces será para él el no va más. A ojos de los patriotas locales casi no hay más mérito que ser reprobado desde fuera por -simplificando al máximo- ser vigués. El sumun habría sido que la declaración de ingrato en lugar de Santiago llegase desde A Coruña. Entonces hasta se declararía el hito festivo local.
¿Pero es un mérito que deploren oficialmente al alcalde desde otro ayuntamiento? Desde un punto de vista personal, a la mayoría de los vigueses les traerá sin cuidado cómo caiga el alcalde fuera de la ciudad. Es más, les es indiferente el propio alcalde (89.311 no votaron en las ultimas municipales) salvo cuando les toca el bolsillo o sus decisiones afectan a sus intereses.
Que a uno lo declaren persona non grata no tiene mérito, lo realmente difícil es gestionar, conseguir mejoras para la ciudad por encima de diferencias políticas, lograr servicios e inversiones de administraciones dirigidas por partidos distintos. Ser un alcalde ingrato no es tampoco la prueba de una buena defensa de la ciudad. Es necesario defender el aeropuerto, sí, pero seguro que contribuiría mucho a hacerlo traer a Vigo alguna de aquella larga lista de empresas que el propio alcalde aseguró que querían venir a Vigo cuando Ikea frenó sus planes de desembarco. Los compostelanos no votan al alcalde de Vigo y los vigueses no comen de estrategias político-personales, sino de realidades.