El pequeño luso que nació sin mano cumple 4 años con autonomía
22 jul 2013 . Actualizado a las 00:20 h.El «malandro que sabe facer as beiras» no ha perdido ninguna de esas artes con las que su madre le presentó ante Galicia hace exactamente dos años. Ha multiplicado esos dones y también los talentos que recibió para acceder a su mano mioeléctrica. Hace año y medio que Diogo Farinhoto, el pequeño caminhense que nació sin una mano, recibió la prótesis para la que coleccionó tapones con cientos de gallegos. Fue el primer caso. «Nunca poderei olvidar o que Galicia fixo por Diogo, coñezo o nomes de moitos amigos galegos que nos axudaron», dijo entonces su madre, Elisabete Farinhoto.
No faltó a su palabra. Diogo es socio de honor del Banco de Tapones de O Baixo Miño, regresó a Galicia en varias ocasiones para acompañar las actividades de Banta y a amigos como Marta Lomba, la joven de Goián que se ganó un andador rifando dos esculturas y que luego cedió las obras a Alma para que también pueda acceder a su sueño.
Diogo no falla. Y, a este ritmo, es posible que el niño, de cuatro años, venga conduciendo su propia bicicleta. La misma con la que «tiene aterrorizados a todos los vecinos de Gondar», bromea su madre. Pero la cosa es seria, porque el bebé que, por nacer sin una extremidad, tenía ya serios problemas de desequilibrio postural y un sinfín de trabas para normalizar su vida, pedalea con total autonomía en bici y moto por toda la parroquia de Gondar.
«Andar en bicicleta sin las dos manos nunca hubiera sido posible; ahora es independiente», explica la madre, agradeciendo de nuevo el apoyo gallego. «La prioridad de cualquier madre es que su hijo tenga una vida lo más normalizada posible y, gracias a esta prótesis, Diogo puede conseguirlo», señala Elisabete.
«Se pone la mano como un zapato o cualquier otra pieza de ropa cada mañana; con normalidad», explica la madre. Ya va al colegio y para escribir es zurdo. Alguna vez intentó usar el lápiz con la derecha pero la prótesis es demasiado resbaladiza.
Elisabete quiere que los amigos de Diogo sepan cómo está él y que su familia sigue formando parte de la cadena. «Diogo está muy bien, está en la escuela y creciendo mucho, no tiene ningún complejo y disfruta de cada día como cualquier otro niño de su edad», confirma la madre.
La fama aún le precede. «Pese a que hace ya mucho que no sale en la prensa ni en la televisión, es bonito que cuando otros niños lo ven y lo reconocen, lo tratan con mucho cariño, pero con naturalidad», afirma. Durante la conversación en la casa familiar, Elisabete Farinhoto, repite varias veces: «Diogo es feliz, feliz; y yo, también».
La prótesis de Diogo ya tuvo que adaptarse en dos ocasiones, por el crecimiento del pequeño y hay que cambiarla de nuevo en noviembre. El macrococido que se organizó hace un año en su pueblo de Caminha y los tapones recogidos ya consiguieron recolectar los 13.000 euros que hacen falta para costearla. Cada mes viene un camión al domicilio de Diogo y se lleva los tapones, el cambio en metálico se lo ingresa directamente en la cuenta del banco para el hospital.
Pero él sigue sumando, porque dentro de otros dos años toca un nuevo cambio de prótesis y los precios también crecen con la edad y funcionalidad. «Los tapones no le dieron una mano a mi hijo sino la posibilidad de ser independiente y libre», resalta Elisabete.