El elenco ensayó en cazadora, la directora enfermó y el público tiritó de frío
05 mar 2013 . Actualizado a las 20:12 h.El Auditorio Mar de Vigo no tiene mucha historia, pero a pesar de su corta trayectoria ya tiene unas cuantas anécdotas para sus anales. La última tuvo lugar el pasado jueves durante la representación de Tosca. Fue escalofriante. La ópera de Puccini logró lo que buscan todos los programadores de espectáculos: estremecer a los espectadores, ponerles la carne de gallina. Lo malo del asunto es que la reacción lograda no vino de la acción desarrollada en el escenario por el elenco encabezado por la soprano María Rodríguez y el barítono Luis Cansino, sino de la calefacción.
El público se estremeció, sí, pero de frío. Los propios miembros de la compañía sufrieron los rigores del helador auditorio. Tras las críticas vertidas ayer ante estos hechos por el concejal del PP, Roberto Relova, el alcalde aseguró que «el recinto estaba a 21 grados porque es la temperatura que pidieron los músicos». Desde la compañía organizadora, Concerlírica, niegan tajantemente que la orquesta hubiera solicitado «ninguna demanda relacionada con la temperatura». Es más, añaden que el propio equipo artístico vivió el ambiente polar del inmueble. «Pasaron un frío terrible, tuvieron que ensayar con las cazadoras puestas y la propia directora, Leonor Gago, se puso enferma», señalan desde las oficinas centrales en Cantabria.
El público también se quejó de la temperatura al personal del auditorio. A unos les dijeron que no funcionaba la calefacción y a otros, que no se ponía para ahorrar. En esa atmósfera el tenor que inició la función tuvo que ser sustituido a los tres minutos ante su evidente indisposición. Portavoces de la compañía explicaron ayer que no se encontraba muy bien antes de salir al escenario, lo que le obligó a tomar una medicación que le sentó mal. Pese a los esfuerzos, se vio incapaz de continuar.
El asombro del público fue mayúsculo al comprobar que su sustituto salía a escena de forma apresurada y desaliñado, con un pantalón vaquero y la camisa mal abrochada.
Como muchos otros asistentes, el concejal del PP y profesor del conservatorio Roberto Relova, tuvo ocasión de comprobar el desaguisado. «Llevamos en Vigo más de cien años viendo representaciones operísticas con Caballé, Kraus, Carreras y otros grandes, que no traten de ignorante a la ciudad», comentaba en alusión al acto, al alcalde y a la empresa que gestiona el auditorio. El único que se salvó fue el barítono Luis Cansino, y no es porque sea vigués, matizaba Relova.
Aprovechó la ocasión para criticar las carencias a las que se tienen que enfrentar las compañías que actúan en el auditorio como la falta de equipamiento escénico (carece de varas para colgar las luces, altavoces, telones, cámara negra y red eléctrica próxima). No tiene concha acústica y en el camerino falta mesa de maquillaje, sillas y colgadores de ropa. El foso orquestal sigue siendo un hueco sin terminar y tampoco hay sillas de orquesta ni atriles.
Relova exige al gobierno municipal que controle la gestión de la concesionaria, máxime cuando recientemente le amplió la concesión y le otorgó cinco millones más, pese a la oposición del PP y BNG.