Don Faustino ya tiene monolito en Tui

VIGO

29 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

1 «Era un cura católico que creía en Dios». Curiosa definición la que hizo Méndez Ferrín de Faustino Rey Romero a propósito del homenaje que le rindió Tui, una de sus tres ciudades más queridas. Rianxo, donde nació, y Buenos Aires, donde le pilló la muerte (dicen que a traición), fueron las otras.

El presidente de la Real Academia Galega fue una de las más de doscientas personas que no se perdieron la velada tudense del viernes. Tampoco lo hizo el secretario de la entidad, Xosé Luís Axeitos, rianxeiro como el homenajeado, del que hizo una semblanza.

Dos partes tuvo el homenaje, a cuya preparación llevaba Javier Vázquez, O Ferruxo, entregado desde hacía semanas. Recordando el éxito de la cita -«la iglesia de Santo Domingo estaba ateigada»-, aún se emocionaba ayer. En realidad hubo dos partes, la del templo y el posterior descubrimiento de un monolito en los jardines de la ribera del Miño, muy cerca del busto de Sócrates.

En la primera hubo discursos, pero hubo sobre todo poesía, disciplina que Don Faustino, conocido como el cura-poeta, cultivó con pasión. Estudiantes de los institutos del municipio leyeron algunas de sus poesías. También se animaron a recitar viejos amigos como Xesús Santos, Ángel Vázquez de la Cruz, Anxo Angueira o Clara Torres. Y hubo también música. La pusieron, a partes iguales, alumnos del conservatorio y Voces Ceibes del grupo de Paramos.

Por haber, hubo hasta correos imaginarios. De hecho, se leyó un correo electrónico recién llegado de una dirección con retranca: FaustinoReyRomero@nomaisalá.com. El remitente empezaba así su misiva internetera «¡Que fermoso é o que facedes!» para, a renglón seguido, subrayar que «como sabedes, aí, na miña vida, fun aldraxado, repudiado e dalgunha maneira exiliado por defender a liberdade das ideas, os principios democráticos e a recuperación da memoria dos que loitaron por ela. Non sabedes a ledicia que me da que vos lembredes de min. Aquí, nesta outra dimensión onde moro, cando un nos lembra, seguimos vivindo (...) Meus amigos, graciñas. E, nunca mellor dito, estouvos eternamente agradecido».

Antes del descubrimiento del monolito, hubo tiempo para escuchar música de tango en recuerdo a su Buenos Aires querido. Ya a la orilla del río, las armónicas dieron paso a las gaitas y hasta los alcaldes Modesto Rodríguez (Tui) y Adolfo Muiños (Rianxo) se animaron, igual que el resto de los presentes, a entonar A Rianxeira, el tercer guiño a la tercera (en realidad, primera) querida ciudad de Don Faustino.

Cuando las luces de lo oficial se apagaron, un grupo de asistentes, entre ellos, claro, los Vázquez y los académicos, enfilaron el camino de El Molino, donde entre viandas, vinos de la tierra y animada conversación, les dieron las cuatro de la madrugada. Uf.

Bodas de plata

2Veinticinco años no es (casi) nada. Es el tiempo que llevaban sin verse buena parte de los integrantes de la octava promoción del Magisterio vigués que el pasado sábado compartieron mesa y mantel en el pazo Los Escudos. Cerca de un par de meses llevaban preparando la cita, en la que Mana Canoa, Chus Carrera y Raquel Canitrot ejercieron de detectivas-jefas. Fueron las encargadas de seguir la pista a los cerca de 150 alumnos de aquella promoción del 86.

Del éxito de sus pesquisas dice mucho el hecho de que, al final, se juntaran 101. Habían pensado en todo, incluso en pegatinas con nombres en la solapa para conocerse. Me cuenta una de las asistentes que es un trabajo que podían haberse ahorrado, «porque estamos todos como hace 25 años». Bueno, añade, no hace falta más que echar un vistazo a la fotografía del entonces y a una de las hechas el sábado. Pues eso, que allí estaban, además de las citadas, Sergio Monroy, José Manuel Iglesias, Arturo Piñeiro, Carmen Andrés, Ángel Rodríguez, Pepe Ballesta, Elena Areal, Agustín Tena, Moncho Pereira, Juan Carlos Velloso... El que no estuvo fue Rubén Nogueira. El marido de Boris Izaguirre, que compartió aulas con todos ellos, dijo en su día que sí, que contarán con él, pero no apareció. Tendrá una segunda oportunidad dentro de cuatro años, que es cuando todos ellos entrarán en la cincuentena y han quedado para celebrarlo.

La fiesta tuvo que ser gorda, porque ni las caras de circunstancia de los camareros les ablandaron. Copa va, copa viene, baile va, baile viene (había DJ) les dieron las cinco de la madrugada. Menos mal que al día siguiente no había clase. No me extraña que quieran repetir.

Navegantes

3En esa mezcla literario-gastronómica que con periodicidad mensual (o casi) organizan los Amigos del Marco, habían dedicado ya una velada a Álvaro Cunqueiro con la cocina mindoniense como telón de fondo. Sin embargo, en un año como este, centenario del escritor, diseñaron una segunda velada que, según Daniela Sarraino, quería ser un epílogo de este agitado año.

El título de la cita, Comida y bebida de los navegantes de los mares cunqueirianos desde el Arca de Noé hasta la flota de Pantagruel, deja claro que el objetivo era hacer un recorrido marítimo a través de la obra del autor de Mondoñedo. Encomendaron la tarea a César Cunqueiro, su hijo que, dijo, «cogí los mares que trató mi padre en sus obras». Salieron a relucir mares tenebrosos, flotas demoníacas, vikingos, sirenas...