Condes de la AP-9

VIGO

Al igual que los reyes medievales repartían títulos y tierras, los políticos de hoy reparten algunas concesiones como si fueran sus feudos. Así ocurre con la autopista AP-9, a cuyos gestores se van dando privilegios y regalías ante la estupefacción de los ciudadanos, convertidos en siervos de la gleba.

Desde que, en 1973, se otorgó el vial a Autopistas del Atlántico, han pasado ya 38 años en los que los gallegos nos hemos dejado una fortuna en peajes. Como el portazgo de la Edad Media, los villanos gallegos tenemos que pagar por movernos por el país. Y no poco: Más de 12 euros entre Vigo y A Coruña.

Una cifra que se convierte en astronómica al multiplicarla por los 26.000 vehículos diarios que circulan por ella.

Se trata de un negocio que no termina de crecer. Los ingresos de Audasa por peajes han subido un 156 por ciento en la última década. Y que, lejos de terminar algún día, abaratando el transporte en Galicia, parece que vaya a ser eterno.

En 2000, fue el gobierno de Aznar el que prorrogó la concesión por 25 años más, de 2023 a 2048. Ahora, el agonizante gobierno de Zapatero, en su última semana antes d las elecciones, ha pactado con Audasa una subida general de las tarifas de un euro cada año, acumulable por encima del IPC. A cambio, se ampliará el puente de Rande y se hará una nueva conexión en Santiago.

Es comprensible que las arcas públicas no estén para gastos. Pero no puede entenderse que se siga hipotecando el futuro de Galicia para sufragar obras de corto plazo. Si hubo dinero para el AVE de la línea Madrid-Ourense-Santiago-A Coruña, ¿cómo es posible que no lo haya habido para ampliar Rande? ¿Por qué se tiene que hacer la obra dando nuevas prebendas a la concesionaria?

En Vigo, ya que no tenemos alta velocidad ni con la Meseta ni en el corredor atlántico, lo mínimo que podían haber hecho es gastarse algún dinero en mejorar nuestras comunicaciones por carretera. Pero, no. La cosa se hará con más regalías, hipotecando el futuro de Galicia.

Con lo que la concesionaria lleva ingresado en los peajes, se habría pagado ya la autopista cientos de veces. Los ingresos, en relación a lo invertido, han sido desproporcionados. Y se siguen repartiendo privilegios que soportarán hasta los hijos de nuestros tataranietos. Ellos seguirán pagando portazgo y creyendo vivir en la Edad Media, porque así lo decidieron los políticos que votábamos sus inconscientes antepasados.

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