El avioncito a Madrid

VIGO

La compañía Iberia debería ser socia de Anfaco. Su capacidad para estibar pasajeros en un avión, apretados como sardinas en lata, es un hito para la industria conservera.

Hasta ahora, Ryanair se llevaba la palma en el arte de hacinar personas. Desde que los barcos negreros surcaban el Atlántico hacia América, no se conocía tanta habilidad para aprovechar el espacio en una nave. Sin embargo, los esclavos viajaban en contra de su voluntad, mientras que en la aerolínea irlandesa los turistas van encantados, motu proprio, pegándose carreras por las pistas para entregarse luego al contorsionismo, al objeto de caber en el asiento y disfrutar de un ruidoso vuelo en el que las azafatas les ofrecen, una y otra vez, tarjetas de rasca y gana. Quien haya volado con Ryanair, sabe de qué estoy hablando.

Ryanair, además, cobra de las administraciones, que le entregan dinero público para financiar unos vuelos que tampoco son especialmente baratos. Sobre todo, si les sumas las subvenciones que han cobrado por ellos.

Sin embargo, una compañía seria, como Iberia, se ha entregado también al noble arte de hacer de sus aviones latas de conserva en las que sales sardina, pero llegas aguja, por lo estrecho.

Así sucede en el primer vuelo de Vigo que comunica con Madrid a las 7.25 horas. El avioncito que acaban de estrenar para el servicio parece sacado de un diorama o de una maqueta de Playmóbil. Se trata de un cacharro de Air Nostrum de apenas 90 plazas, que vuela tan abarrotado que un día va a explotar en vuelo por la presión. La de dentro, no la de fuera.

Hasta ahora, Iberia empleaba un avión del doble de asientos, con 180 plazas. Pero, con la crisis, ha decidido que basta con la mitad, aduciendo que ha caído la demanda. Cuando, en realidad, lo que han hecho es que decenas de pasajeros se queden en tierra todos los días a primera hora, o tengan que tomar su avión en Lavacolla, ante la falta de billetes en Peinador.

Las 90 plazas del primer vuelo a Madrid son tan pocas, para una ciudad empresarial como Vigo, que se agotan casi siempre. Y los precios alcanzan los 310 euros, ante la brutalidad de la demanda. Basta visitar la web de Iberia para comprobar que, a una semana vista, casi nunca hay asientos o te venden a precio de oro los últimos disponibles.

No cabe duda de que el negocio de Iberia con Vigo es así mucho mayor. Pero parece mentira que un área metropolitana de medio millón de habitantes sólo tenga un avioncito de 90 plazas a primera hora de la mañana. Luego, nos asombramos de que Peinador pierda pasajeros y los gane Lavacolla. Pero no los pierde: los están echando.