La contabilidad creativa

VIGO

24 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La contabilidad creativa es tomar los números de una empresa y convertirlos en lo que uno quiere que sean. Para ello, suele bastar con ignorar algunos principios contables o interpretar arbitrariamente otros. El resultado final puede acabar tanto en la cárcel como en el éxito. Y no pocos desastres de los últimos años, como los casos de Enron o de Nueva Rumasa, han venido cuando los contables, contraviniendo su imagen de señores que no se saben ni un chiste, se quitan los manguitos y se ponen a crear.

Sin embargo, no es en los negocios, sino en la política, donde la contabilidad creativa ha alcanzado las más altas dimensiones de lo artístico. Así, en la economía, existen diferentes cifras para la inflación, según el organismo que la calcule. Como el desempleo, siendo el mismo drama, es distinto si lo da el Instituto Nacional de Estadística (INE), la Encuesta de Población Activa (EPA) o el Ministerio de Trabajo, a través del DENOS (Demandantes de Empleo no Ocupados).

Con este batiburrillo, se consigue el apetecido efecto de marear al ciudadano, mientras que el político puede ofrecer unas u otras cifras, a su mejor conveniencia.

En Galicia, la contabilidad creativa política tiene su culmen en las listas de espera sanitarias. La Consellería de Sanidade mete y saca pacientes de las llamadas «listas no estructurales» para maquillar sus resultados a gusto del momento político. En las listas de espera gallegas hay más letra pequeña que en las hipotecas «subprime».

La última gran aplicación de la contabilidad creativa se da en el sector turístico. Desde que Manuel Fraga inventó el Ministerio de Información y Turismo, quedó muy claro que ambos conceptos debían caminar juntos. Y así se hace. Poco importa que las cifras de ocupación hotelera o de visitantes en año Xacobeo sean a veces inverosímiles. Se dan y punto.

Sigue esta tendencia la Diputación de Pontevedra y, en concreto, el Patronato de Turismo Rías Baixas, que acaba de presentar los datos hoteleros de agosto de 2011, en los que las cifras no coinciden con las publicadas el año anterior, ni tampoco con las de 2009. El método consiste en lo siguiente: en septiembre, se da un porcentaje de ocupación y, al septiembre siguiente, este dato se rebaja para que luzca más el nuevo.

Hace un año, en 2010, dijeron que la ocupación hotelera fue del 83,22 por ciento. Ahora, en 2011, rectifican aquel dato y dicen que la ocupación en 2010 fue del 79,71. Con ello, queda maquillada la nueva cifra de ocupación (76,78%), solo tres puntos por debajo, cuando en realidad cayó un 6,44%.

Las cifras de una memoria anual nunca se parecen a las de la anterior. Con esto se consigue sacar pecho y hacer hermosos gráficos de barras y de tarta. A la postre, se consiguen magníficos titulares, que son el objetivo de tanta contabilidad creativa.

Las cifras de la memoria anual del Patronato de Turismo Rías Baixas nunca se parecen a las del año anterior. Con esto se consigue sacar pecho