De Martín Códax a MC

VIGO

Está la ciudad empapelada de carteles que anuncian peleas de gallos. Así que imagino tugurios cargados de humo, donde una turbamulta excitada apuesta billetes grasientos. Pero resulta que no. Las batallas de gallos se celebran en Vigo a la luz del día y en plena vía pública. Se trata de competiciones en la que chavales aficionados al hip hop se retan para improvisar versos con los que tratan de doblegar a sus rivales.

eduardorolland@hotmail.com

ELa última batalla, en la plaza de América, convocada a través de las redes sociales, reunió espontáneamente a cientos de espectadores. Se trata de una competición pacífica, en la que está prohibido el contacto físico, salvo pequeños toques dentro de la pose chulesca que caracteriza al rap. Los insultos o la violencia suponen la parada inmediata de la lucha de gallos y la descalificación de los contendientes.

Como si fuesen juglares medievales, recitando cantigas de maldizer, entretienen a su público, al punto de que hay auténticas celebridades locales, cuyos duelos son los más esperados.

He escuchado algunos combates y hay que decir que no todos son Shakespeare, desde luego. Pero todos intentan rimar sus versos, empleando con ironía figuras literarias y recursos líricos, tal vez sin saberlo. Así que, en conjunto, la cosa tiene mérito, y mucho.

Los apocalípticos habituales del periodismo suelen preguntarse por la crisis de los medios y el hecho de que la juventud huya del papel. Pero bien pudiera ser que no se dé a este público la información que le interesa. O que la chavalada perciba una postura de cierto rechazo hacia lo suyo.

Drogas, botellón, vandalismo, grafitis? ocupan los titulares una y otra vez, como si las generaciones anteriores no hubiesen bebido, no hubiesen hecho gamberradas o no hubiesen pintado la avenida de las Camelias, de principio a fin, con pintadas de «Te amo Beatriz», como sucedió en los años 60 del siglo pasado, en un suceso tan sonado que, popularmente, se conocía a la calle como «Avenida Beatriz».

Pero aquí parece que nadie tiene un pasado. Y que es la juventud de hoy la más perversa de la historia de la Humanidad. Cuando, en realidad, hay infinitas razones para admirar lo que hacen, como por ejemplo estas batallas de gallos con las que ahora aparece empapelada la ciudad.

Se atribuye a Sócrates esta frase: «Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. A este paso, la Humanidad no durará cien años».

Han pasado 24 siglos desde aquella frase. Que no se cumplió. Pero que seguimos oyendo, una y otra vez, porque los jóvenes tienen por costumbre hacerse viejos.