Las socias de Eseoese solucionan todo tipo de gestiones para empresas y algún particular
21 mar 2011 . Actualizado a las 12:28 h.Alexandra Amoedo y Adhara Iglesias han hecho de su capacidad de gestión y de su facilidad para solventar problemas con soluciones rápidas y originales, un modo de vida que se ha traducido en una empresa que lleva el sonido deletreado de las siglas S.O.S.: Eseoese, la señal internacional de petición de socorro, que viene del inglés Save or Sucumb. Y así es. «O te salvas o te rindes, y nosotras nunca nos rendimos», asegura Adhara. A través de su empresa, Eseoese Comunicación, las dos socias se desviven por salvar a sus clientes de cientos de problemas de todo tipo que ellas convierten en pequeños desafíos.
Alexandra es viguesa y también lo es su amiga Adhara, aunque vivió en Argentina hasta hace cinco años. La primera, de 26 años, hizo la carrera de Periodismo y se fue a Pontevedra para estudiar el segundo ciclo de Publicidad, donde coincidió con Adhara, de 23.
En la facultad empezaron a barajar la idea de montar una empresa, pero en aquel momento lo dejaron estar. Al salir de la universidad, hace dos años, hicieron prácticas en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, «ella en la Asociación de Amigos, y yo en el departamento de comunicación», recuerda Alexandra. La verdadera universidad empezó allí, en el Marco: «Comenzamos a tener contacto con gente del arte y de diferentes sectores, que recurrían a nosotros para todo. Pedían desde huevos blancos a una casa rural o unos remos. Ahí nos dimos cuenta que tanto para particulares como profesionales, había una necesidad de personal resolutivo a todos los niveles, no solo de la especialidad de cada uno», relata Álex.
¿Y ahora qué?
Cuando se acabaron aquellas prácticas se dijeron: ¿Qué hacemos ahora?. «No había nada de lo nuestro, pero nos enteramos de que cerca del museo iba a abrir un bar galería y nos metimos allí en un proyecto nuevo a hacer de todo, no de publicistas ni de periodistas. Aquel proyecto que se llama Detrás do Marco va viento en popa y les ha servido a ellas como base de operaciones para seguir complicándose la vida y facilitársela a los demás. «Es un lugar mágico y Fernando, su dueño, confía plenamente en nosotras y nos da mucha cancha», cuentan. Inicialmente se ocupaban de la comunicación del local, pero de ahí surgieron decenas de contactos y también la comunicación del Mercado de O Progreso. «Tuvimos que poner el freno porque la demanda no dejaba de aumentar: que si unos colchones, un sofá blanco, una vitrocerámica...», recuentan mientras preparan una exposición y ultiman una revista. «Nos hemos dejado llevar, en realidad montamos la empresa porque nos lo han pedido. No damos abasto, hacemos eso y mucho más. Te contratan como periodista y publicista, te piden unas decoraciones y acabas montando renos con la sierra caladora en mano y pidiendo plafones». Los encargos se retroalimentan entre lo empresarial y lo privado y entre la comunicación y el sector servicios. «¡La de conocimientos que adquirimos cada día! Estamos estresadas pero encantadas, es muy divertido. Es que se nos va la vida en ello, si tenemos que estar 24 horas, estamos. Al abarcar, tanto la gente piensa que no podemos, pero lo demostramos con los hechos», confiesan.
Bonos de tiempo
La diferencia con lo habitual está en que ellas tratan de dar soluciones con poco dinero y pocos recursos, pero bien aplicados y rematados por ellas hasta el final, hasta el «momento aspiradora». Y el problema está en que no quieren delegar para que la calidad no se resienta, aunque ya tienen a cuatro personas interesadas en llevar la parte de encargos particulares.
Su última idea, que están pergeñando, es la puesta en marcha de un sistema de bonos para empresas. «Por ejemplo, les vendemos 50 horas al mes. Si el trabajador pide tiempo para ir a la ITV, Eseoese se ocupa del asunto y le pasa la revisión del coche». A cabeza non para.
A Alexandra y Adhara les une el perfeccionismo y tomarse cada encargo como un reto. Son supercreativas, hiperactivas y polifacéticas. Los encargos y los clientes no dejan de sorprenderlas: «Intentamos ahorrar más que ellos», aseguran.