El nuevo «Dream Team» emula al antiguo

Rubén Ventureira A CORUÑA/LA VOZ.

VIGO

El Deportivo desactivó la orquesta sinfónica culé durante 24 minutos, pero después escuchó su música

09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.

El Dépor hizo desafinar a la orquesta sinfónica blaugrana durante 24 minutos. Hasta que aparecieron los solitas Messi y Villa, que fabricaron el primero. Ahí murió la fe el equipo coruñés, ejecutado en la segunda mitad por Messi, Iniesta y Pedrito. 0-4 ganó el Barca, como en 1991 con el Dream Team de Cruyff.

Lotina decidió renegar del catecismo que le salvó la cabeza: jubiló temporalmente la defensa de cinco. Para intentar poner palos a la maquinaria barcelonista colocó a cuatro en la zaga, a Pérez y Tomás por delante, colocó a Saúl y Desmarets, que llevaban un tiempo en barbecho, a Domínguez en la teórica mediapunta, y a Adrián mirando a Valdés. Guardiola también sorprendió al sentar a Alves, por el que entró Adriano en el lateral derecho, y al prescindir de su pensador de Rodin, Xavi, para optar por un mediocampo con el músculo de Mascherano y Keita y el inmenso talento de Iniesta.

El Barça es como el niño del parque que siempre lleva y trae la pelota, y así fue en Riazor. La quiso desde que Luis Suárez hizo el saque de honor. Y empezó a tocarla, pero de entrada no halló por donde profundizar. Sin Xavi, y con Iniesta muy vigilado por los pivotes y Juan Domínguez, le faltó neurona y velocidad de circulación de la pelota. El equipo culé, en inferioridad en mediocampo (5 a 3), solo encontraba salida por la banda derecha, donde Pedro colgó un par de bananas peligrosas, o cuando Messi, que más que un solista es una orquesta en sí, se arrancaba a gambetear o a dejar solo a Iniesta con un pase a su altura (futbolística).

El Dépor defendía ordenado, concentrado y solidario como una oenegé, pero le costaba atacar. Lo intentaba a la contra, pero los jugadores lanzaderas, como Saúl, se olvidaban el balón atrás cuando no se lo guindaban. Pero en una acción aislada consiguió erizar la melena de Puyol. Un centro de Desmarets lo acabó peinando Juan Domínguez y le cayó, al borde del área pequeña a Adrián, que remató fuera (min 21).

El Dépor se empezaba a encontrar como en casa, cuando apareció el azote de siempre, Villa. Messi sacó el catalejo desde la frontal, vio que Villa se adentraba en la isla del tesoro y allá le mandó el mensaje en una botella; ponía «métela». El asturiano lo hizo: la embocó desde el área pequeña ante la salida de Aranzubia (min 26). Era la primera llegada del Barça. No diremos llegada clara, porque clara solo la vieron Messi y Villa. Como el Dépor le había tapado las bandas, el argentino encontró un pasillo en la zona de centrales, donde esta vez no había líbero.

El tanto descosió al Dépor, que se desordenó mental y tácticamente ante tan injusto castigo.El Barça advirtió la herida, encontró los huecos que empezaron a dejar los coruñeses y buscó el segundo. Lo tuvo Villa a pase de Abidal, pero disparó contra un zaguero (min 33) y después marcó el propio lateral a pase de billar de Iniesta, pero Delgado Ferreiro señaló fuera de juego (min 37).

Con Valerón calentando en la banda, empezó la segunda mitad, en la que el Barça salió a terminar su labor de demolición. Justo antes de que entrase El Flaco liquidó el asunto, con un libre directo que Messi dirigió desde la frontal (min 51) hasta la escuadra derecha.

Ya con Valerón en el campo, el Dépor se reorganizó con Juan Domínguez en la banda derecha y el canario en la mediapunta. Dio igual. La actitud blanquiazul siguió siendo la misma: esperar. Ya no para rascar un empate, simplemente para que no le cayese encima una goleadora desmotivadora cara al futuro. Ante la claudicación coruñesa, el Barça sobó la pelota sin profundidad, como para no hacer más daño. Hasta que Iniesta, quizá picado por los cánticos en su contra de una parte de la grada, se inventó un gol. Después, Pedro aprovechó otro regalo de Messi para colocar el doloroso 0-4, excesivo castigo para un Dépor digno.