Azúcar de museo

B.R. Sotelino VIGO/LA VOZ.

VIGO

Carla y Gloria Mascuñana son dos hermanas viguesas que han apostado por endulzar la vida a través del paladar, pero también de la vista. Las mellizas hacen arte contemporáneo con sus trabajos de repostería

22 nov 2010 . Actualizado a las 12:14 h.

Si los cuadros se pintaran con azúcar, las obras de Gloria y Carla Mascuñana estarían colgadas en museos y galerías. De hecho, ya lo estuvieron en cierto modo, porque el artista Carlos Bunga les pidió su colaboración cuando expuso un proyecto en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo. Ellas reprodujeron paisajes comestibles como la arena de Samil con cuscús o la torre de Toralla con pisos de chocolate para que él los fotografiara. Y también han hecho cine, a su manera, dorando galletas con forma de vaca-submarino con el logo de la película Crebinsky , con Luis Tosar.

Las hermanas viguesas son mellizas. «Quién es la mayor es un poco complicado. Carla nació la primera, y yo una media hora después. Pero médicamente es al revés. Se considera mayor a la que nace después, porque es la que se formó antes», explica.

Ni Carla, ni Gloria, pensaron nunca dedicarse profesionalmente a la repostería. Una es logopeda y la otra periodista, pero fue quizás su carácter goloso y el entorno familiar, «en casa somos muy de hacer meriendas, tartas, bizcochos...», lo que unido a su habilidad para convertir en delicias los platos elaborados con ingredientes dulces los que las terminaron llevando por el almibarado camino de la pastelería.

Cuando Gloria se quedó en paro, hizo un módulo de hostelería y se lanzó a cambiar una erre por una ese: De reportera, a repostera. Así, hace cinco años empezó haciendo tartas para restaurantes, pero cuando ya se estaba estabilizando en el gremio, el periodismo volvió a cruzarse en su vida y lió a su hermana para que continuara lo que ya había comenzado. Carla lo hizo encantada. Cerró su gabinete de logopedia y se puso manos a la masa mientras la otra colaboraba cada vez que podía. Así nació La Gloria Bendita.

La curiosidad las llevó a investigar para hallar el secreto de esos pasteles que solo se ven en anuncios y en películas, donde las tartas no parecen de verdad. Y empezaron a buscar dónde hacer cursos para aprender a hacer lo mismo, o mejor, y a experimentar con nuevos sabores y texturas. Aún así, imaginación y arte no son los ingredientes más importantes de sus filigranas reposteras. Lo tiene muy claro. Si no sabe bien, de nada sirve. «Te puedes acordar de la decoración pero la recordarás mejor si la tarta estaba buena», razonan. Las suyas sí lo están, pero además son piezas únicas y personalizadas. Los cumpleaños son los eventos para los que requieren más sus servicios. Casi siempre, a medida del cliente, «desde tartas con forma de zapatos de Vuitton a Hello Kitty», cuentan. Para ello se sirven de ingredientes que tienen que pedir en tiendas que venden por Internet, en Madrid, Inglaterra, Australia o Japón. Hay de todo: papel comestible, perlas, pegamentos, purpurinas, pastas de todos los colores, colorantes, impresoras que en vez de tinta se nutren de azúcar...

Hace tres años que despachan en Internet (www.lagloriabendita.com) y envían pedidos por mensajería a toda España, aunque siguen sirviendo el postre a restaurantes locales. Pero además quieren dar la cara. Su proyecto inmediato es abrir al público un local para presentar sus productos al público y hacer también cursos para niños.

Aunque Gloria sigue trabajando como periodista y echa una mano siempre que puede a su hermana, el futuro puede ser más dulce que las noticias: «No descarto dedicarme de pleno con Carla a La Gloria Bendita. Me encantaría, pero esta profesión te prende como un velcro», medita.

La repostería moderna y avanzada es un mundo, un arte, contemporáneo.