Venció con autoridad al Milan gracias a dos goles tempraneros facilitados por la defensa italiana
20 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El Real Madrid consideró que noventa minutos contra el Milan en el Bernabéu podrían ser molto lunghi . Por eso, más o menos a los doce del inicio, decidió darlo por zanjado, aunque con matices. Fue al filo del cuarto de hora (minutos trece y catorce) cuando Cristiano Ronaldo y Ozil cimentaron la victoria, con cierta ayuda del rival.
Había arrancado el Madrid como le gusta a Mourinho, con el cuchillo entre los dientes, faltándole al respeto a las siete Copas de Europa en rossonero y con el 2-3 del año pasado en la memoria colectiva. Pero sobre todo, ordenado, intenso en el mediocampo, veloz en el contragolpe, y mandón. El Milan, a velas vir, decidió intentar el suicidio. Por eso, la barrera se abrió en el lanzamiento de falta de Cristiano desde la media luna (1-0) y, sesenta segundos después, cedió el balón en pleno ataque para facilitar la contra blanca, dirigida por el portugués. Remató la faena Bonera, desviando hacia la propia puerta el disparo de Ozil. El dominio madridista ya tenía premio, pero el Milan había contribuido demasiado a materializarlo.
A partir de ahí y durante otros quince minutos, el equipo blanco fue una pesadilla, a su estilo, para los italianos, que aportaban intencionados cambios de orientación. Por el libro, su libro, los locales se sacaron jugadas de ataque basadas en una conducción de treinta metros (podría ser de Cristiano, Ozil o Marcelo, por ejemplo) y, con suerte, una pared en la frontal del área. Sin ella, un disparo a pocos metros de Amelia. Variantes, las hubo. En forma de saques de esquina, penetraciones de Marcelo o disparos lejanos de Xabi Alonso.
Sin embargo, a la media hora el mister Hyde blanco se impuso al doctor Jekyll y las enseñanzas de Mourinho se fueron al limbo. El equipo perdió la posición y el balón. El Milan, con el esférico, se crece, como todos los grandes. Diez minutos de pájara fueron suficientes para invitar a la reflexión.
En ellos, los italianos gozaron de sus mejores ocasiones, sobre todo aprovechando la debilidad defensiva de Marcelo. Pirlo y Pato se hicieron protagonistas, el primero tuvo medio gol de un disparo perfecto desde el pico del área. El otro medio, lo evitó Casillas. Ronaldinho y Seedorf se inventaron los espacios dentro del área, pero desacertaron el lanzamiento final. Carvalho también entró en el partido, por imperativo.
En pleno desorden, Cristiano Ronaldo se fabricó su jugada y tuvo el tres a cero. El portugués, cuando se hipermotiva, funciona a arreones en los que deja fuera a sus propios compañeros. Lo peor, que ellos se contagian y el colectivo se disuelve en sí mismo.
Y como el Milan no pudo recortar diferencias en sus diez minutos de fama, los futbolistas del Real Madrid alcanzaron el túnel de vestuarios con la tranquilidad de haber mantenido su ventaja, y el temor por el rapapolvo que preparaba Mourinho.
Debió de haberlo allá adentro, cuando la segunda mitad comenzó con un equipo blanco que se repetía continuamente «no perderé el balón tan cerca de mi propia portería». No lo lograba, sin embargo. Y el Milan seguía aguantando el chaparrón.
Victoria segura
Le faltaba convicción a los de Massimiliano Allegri, defendían con demasiadas lagunas y presionaban de cara a la galería. De esa manera, nadie se jugaría un brazo por el empate siquiera. Ni la más mínima duda al respecto.
Empero, el Real Madrid continuaba en una dinámica que parecía haber abandonado contra el Deportivo e, incluso, en el comienzo del partido de ayer. La falta de eficacia puede pasar factura en futuras rondas, contra rivales más avanzados. El balón se paseó demasiadas veces por el área pequeña italiana sin terminar en gol. Di María, Cristiano, Marcelo, Higuaín, Ozil y Khedira se turnaban el balón sin compartirlo como deberían y, por tanto, sin resultados aparentes.
Concedió en los minutos finales un par de oportunidades al rival para no perder el hábito. Atendiendo también a la costumbre, Casillas tuvo que salvar una clara ocasión (Robinho) y el partido terminó en el área blanca.