El monumento de nunca acabar

El 3 de agosto de 1947, Eijo Garay descubría en la plaza de España el conjunto escultórico dedicado a los héroes de la Reconquista, un proyecto iniciado 38 años


vigo/la voz.

El monumento a los héroes de la Reconquista, que hoy en día preside la plaza de la Independencia, es un buen ejemplo del tesón que algunos vigueses tiene por alcanzar sus objetivos. El 3 de agosto de 1947 era inaugurado esta mole de piedra en la plaza de España. Concluían 38 años de dificultades, solo solventadas a través de la buena voluntad de algunos amantes de la ciudad y su historia.

Coincidiendo con la celebración del primer centenario de la Reconquista, la Asociación Popular, entidad encargada entonces de organizar las fiestas de Vigo, se propuso impulsar la construcción de un monumento que recordase a los protagonistas de la gesta antinapoleónica de 1809. Orencio Arosa, que más tarde sería alcalde de Vigo, fue la persona encargada de organizar la suscripción popular que obtendría los fondos necesarios para pagar el monumento.

González Pola

El escultor elegido fue González Pola, que ya había diseñado el monumento a los héroes de Cuba, que se puede ver en el cementerio de Pereiró. La suscripción no alcanzó los objetivos esperados y allá por 1915 la Asociación Popular abandonó el proyecto. Aquel mismo año, ya se había puesto la primera piedra del conjunto escultórico en la plaza de Villavicencio, hoy plaza de A Pedra.

Sin embargo, no cayó en el olvido el proyecto. Abel Collado Saumell, un estudiante de Derecho, conformó una junta promonumento que se encargaría de llevar adelante la idea inicial. Y no fue fácil lograrlo. En 1929 fallecía González Pola y hubo que buscar a otro escultor que continuara la obra. Además, los problemas financieros estuvieron presentes durante todos esos años, como explica Gerardo González Martín en un artículo dedicado al abogado que publicó La Voz de Galicia.

Y llegó el 3 de agosto de 1947, día del Cristo de la Victoria. Por la mañana se celebró en la iglesia de Santa María la habitual misa de la festividad, oficiada por José López Ortiz, obispo que más tarde sería recibido en Tokio por el general MacArthur. Tras cumplir con la tradición, la corporación municipal, acompañada de los maceros, se desplazó hacia la plaza de España. Todavía se estaba abriendo la Gran Vía, entonces del Generalísimo.

En aquel acto estuvo presente el arzobispo de Madrid-Alcalá, el vigués Eijo Garay, que también portaba el título de Patriarca de las Indias. Sin embargo, fue José López Ortiz quien bendijo el monumento. Abel Collado hizo entrega del monumento al Ayuntamiento y recordó las vicisitudes pasadas. El alcalde Luis Suárez Llanos se lo agradeció y Eijo Garay descubrió el monumento.

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