El don de la oportunidad

VIGO

Tomaban el sol unas señoras en la playa de A Punta cuando apareció el alcalde, seguido de un séquito integrado por una excavadora, tres concejales y una docena de periodistas. En las fotos del evento, vemos a las bañistas, aterradas, mientras la pala mecánica acomete la demolición del viejo muro de la ETEA. Abel Caballero observa el trabajo de la máquina, con expresión de estar a punto de hacer un descubrimiento científico importantísimo. Suena raro, pero él sabe poner esas caras.

Al contemplar la estampa, uno siente piedad de las asustadas señoras de la playa. Por lo visto, en Vigo no hay suficientes días de invierno para ir a tirar un muro junto al mar. Es mejor hacerlo en pleno mes de julio, para que los prejubilados sigan las obras en bañador. Y para que el resto de playistas disfruten con el arrullo de las olas, la brisa marina y la pala excavadora demoliendo el hormigón.

El caso es una prueba más del don de la oportunidad que adorna a nuestros políticos. Pasó en la última edición de la World Fishing Exhibition, cuya inauguración coincidió con las obras de la rotonda del aeropuerto. Los atascos fueron de órdago. También ocurre, cada año, con la procesión del Cristo, momento que se elige para levantar las calles en su recorrido. Y se repite cada vez que se asfalta una calle: mientras en el resto del mundo esto se hace de noche, en Vigo se ejecuta de día, preferiblemente en hora punta. Tiene el Concello un concepto elástico del tiempo. Al igual que los chiringuitos de playas se conceden en septiembre, la iluminación navideña puede seguir colgada en julio. Y el bicentenario de la ciudad, que fue el pasado 1 de marzo, se celebrará en octubre, tras una rocambolesca explicación de fechas y logaritmos astrológicos que no entendería ni el seleccionador nacional de Francia.

En cuanto convención basada en fenómenos físicos, el tiempo puede adaptarse a mecanismos cuánticos y a las paradojas de la teoría de la relatividad general. Es sabido que el reloj corre más lento para un astronauta atrapado en el horizonte de sucesos de un agujero negro. Podría ser, por tanto, que tampoco avance al mismo ritmo para el Concello que para el ciudadano de a pie. Y que esta sea la explicación para sus peculiares horas y calendarios.

Vaya usted a pedir una licencia de obra al Ayuntamiento y rece para que se la concedan a sus nietos. No olvide llevar en la guantera varios libros de crucigramas, por si se da un golpe con el coche y tiene que llamar a un guardia. Avise al Concello de un peligroso bache y prepárese a envejecer viendo cada día el socavón en su sitio. No intente, por tanto, pedir a la Praza do Rei que mida el tiempo como usted. Ellos tienen una cronología especial. Es la misma que lleva al alcalde, un 20 de julio, a personarse en una playa con una pala excavadora y, ante flashes deslumbrantes, observar la demolición de un muro mientras los bañistas miran aterrorizados. No había otra fecha. Tenía que ser así. Su reloj es distinto al nuestro.

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