Quizás la salvación no sea matemática, pero tendría que ocurrir un desastre, perder los cuatro partidos que quedan, para poder descender. A estas alturas ya da igual que se haya conseguido con un juego infame. Todo lo ocurrido no sirve para otra cosa que para aprender de los errores.
Es el momento de poner la mirada en el futuro inmediato. Después de tres proyectos fracasados con estrépito no se puede volver a tropezar en la misma piedra. Un club con la historia del Celta no puede arrastrarse como lo ha venido haciendo.
Cuando un entrenador que siempre se ha caracterizado por alejarse de la luz y los taquígrafos, por evitar cualquier tipo de polémica, de repente arremete contra una persona, hay que suponer que no lo hace por capricho. Mouriño ha cambiado de arriba a abajo la estructura que encontró en el club y lo único que ha conseguido hasta ahora ha sido sacar adelante un concurso de acreedores. Pero no ha sabido rodearse de gente capaz de gestionar un equipo de fútbol. Esa es su cuenta pendiente.