La solicitud de Baltasar Garzón de ser trasladado a la Fiscalía del Tribunal Penal Internacional (TPI) abre nuevos interrogantes sobre las causas que tiene abiertas en el Tribunal Supremo por tres supuestos delitos de prevaricación. En caso de aceptarse, su marcha no debería influir en nada en los hechos que se juzgan. El prestigio internacional del magistrado justificaría de sobra su incorporación al TPI. Pero resulta muy difícil obviar que esa solicitud se realiza en un momento muy delicado para él. Un rápido cambio de actitud en los jueces del Supremo, que hasta ahora se han mostrado implacables contra Garzón, solo vendría a demostrar que, como afirman el magistrado y sus defensores, las acusaciones eran solo un intento de apartarlo de la Audiencia Nacional. Algo que lesionaría aún más el maltrecho prestigio de la Justicia española. Si Garzón prevaricó debe ser castigado. Si no, debe ser absuelto. Al margen de dónde esté su despacho.