El peor Dépor de la temporada

Pedro J. Barreiros

VIGO

21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El Dépor cayó con justicia frente a un Valladolid que no necesitó tirar de su fama de duro para dar cuenta de un rival atolondrado. Será el cansancio, la acumulación de bajas o los cambios de sistema, pero el equipo coruñés mostró ayer su peor cara y no hizo ni cosquillas a un conjunto pucelano que pareció con más hambre de puntos.

Lotina apostó por un 4-1-2-2-1 que naufragó. Ni en defensa se manifestó seguro, con llegadas constantes de un Valladolid donde el gallego Borja brilló con luz propia, ni ofreció soluciones como fórmula de ataque. Sí, la primera llegada clara a portería de los locales solo tardó quince minutos. Justo Villar respondió con una espléndida mano al remate de Juan Rodríguez, quien finalizó una preciosa combinación a un toque entre Valerón, Juan Domínguez y Lassad.

Pero el Dépor no mataba y el entrenador daba vueltas en su área técnica con la manos en los bolsillos, como diciendo: «Esto es lo que hay». Una actitud muy diferente a la del último partido en Riazor, cuando a los 25 minutos ya había jugadores de su banquillo calentando en la banda. No sucedió hasta el descanso, cuando Iván Pérez y Pablo Álvarez pelotearon sobre el césped. Para entonces el Valladolid ya iba por delante en el marcador.

Su ventaja se fraguó merced a una superiodad flagrante en el centro del campo. Si en Sevilla hasta cinco deportivistas taponaban el paso de Navas y compañía, ayer ni Zé Castro, incrustado por delante de los centrales, ni Juan Domínguez, ni Juan Rodríguez daban abasto ante las oleadas del rival. Hasta cinco pucelanos apretaban en el círculo central y cada salida del balón se convertía en un empinado Tourmalet para los coruñeses. Valerón y Lassad parecían conformarse únicamente con dar ese último pase que Juan Rodríguez volvió a pifiar poco antes del gol pucelano, cuando recogió un contragolpe y se plantó solo ante el guardameta Justo Villar, pero se entretuvo y el omnipresente Borja le limpió el balón.

Tampoco se puede decir que el gol del Valladolid llegase por sorpresa. Aparte de la diana de Nauzet (una pesadilla como en la ida, cuando marcó dos goles), otra vez Borja marró dos oportunidades claras.

El Dépor cambió de sistema tras el descanso. Primero con la entrada de Pablo Álvarez por Lassad, que acabó los primeros 45 minutos con la luz roja de reserva, y se situó como acompañante de Adrián. Valerón, quien gozó de libertad total de movimientos para buscar la espalda de los mediocentros visitantes, retrasó así su posición. Y poco después llegó la revolución, fruto de la entrada de Mista y Bodipo. En defensa se mantenía el esquema piramidal, con Álvarez como improvisado mediocentro zurdo (de Guardado, vamos), mientras en ataque se volvía al clásico 4-2-3-1, con los juanes en el doble pivote, Adrián, Mista y el ex sportinguista en la mediapunta y Bodipo como referencia atacante.

Pero los coruñeses ni tan siquiera tiraban a portería y el Valladolid pareció cada vez más cómodo en la retaguardia. Hacía tiempo que el Dépor con más delanteros de la temporada (acabó con tres sobre el césped) había perdido la brújula. Aún así, el gol de Medunjanin se convirtió en un castigo excesivo.