No hace falta entrar en el seminario ni matricularse en Forestales en Lourizán para saber que una cosa es predicar y otra, dar trigo. Para esto no se necesitan estudios teológicos ni agrarios. Basta con presidir la Xunta o que te la presidan. Tal es el caso de Alberto Núñez Feijoo y de los ciudadanos gallegos. Que entre lo que uno dijo, y otros escuchamos, y la cruda realidad de un año más tarde, hay distancias que demuestran que las promesas electorales tienden a quedarse en papel mojado.
Así ocurre con las listas de espera para operarse en la sanidad pública. Hace doce meses, Feijoo consideraba aberrante la demora vigente en el Sergas. Y prometía medidas de choque con el efecto de una panacea. Con él gobernando, te iban a operar antes. Pero resulta que no es así. Actualmente, aun hay que esperar más que con el gobierno anterior.
Como quiera que el dato es poco bonito, por no decir feo, el Sergas ha decidido maquillar las cifras. Si leen La Voz del pasado miércoles, descubrirán que las listas de espera de Vigo bajaron en 505 pacientes días antes de que se hiciesen públicas. Y volvieron a crecer en 677, tres semanas después.
Esta operación es realmente asombrosa. Uno sabía que la estadística puede interpretarse de formas diferentes. Pero otra cosa es eliminar directamente los números que no gustan. Esto, en economía, se llamaba «contabilidad creativa» y dio en el desastre que comenzó con Enron y terminó en los tiempos que corren.
Si la idea del Sergas triunfa, los gobiernos tienen, a partir de ahora, una nueva herramienta para convencernos de su brillante gestión: Borrar números. ¿Que no me gustan las cifras del paro? Pues tacho unos cuantos dígitos. ¿Que me tiene harto el PIB? Pues le cambio el signo negativo por uno positivo y terminamos con la recesión de un plumazo.
Con este fantástico método, el Sergas minimizó las listas de espera, sacando pacientes de aquí y sumándolos allá. Para ello, utilizó un sistema que es legal desde que lo creó por decreto una ministra gallega, Ana Pastor. Por esta norma, solo se hacen públicas las listas de espera «estructurales», mientras que son secretas las «no estructurales», que corresponden a pacientes que esperan una cirugía menor, que pospusieron la operación o que, cuando se lo ofrecieron, no quisieron ser derivados a una clínica privada. Esa lista, que la Xunta no hace pública, crece y crece. Y la oficial queda contenida. De vez en cuando, si hay rueda de prensa, se pasan algunos números de una a otra. Con lo que el político queda bien, aunque esos números sean personas.
Sería bueno que tanto ingenio contable se pusiese al servicio de reducir de verdad las listas de espera. Que no se hiciesen chanchullos. Del Sergas esperamos operaciones quirúrgicas. No aritméticas.
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