Cuestión de credibilidad

VIGO

La marcha antifusión pudo haberse convertido en un éxito de convocatoria, pero acabó por ser un ejercicio de manipulación

14 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La frase más repetida en la vuelta a la actividad parlamentaria de los diputados tras sus vacaciones de Navidad -ahí es nada el ejemplo de casi dos meses de asueto de los padres de la patria- fue la que de un lado al otro del hemiciclo PSOE y PP se lanzaron esta semana acusándose de «falta de credibilidad». La expresión la empleó el presidente Zapatero para restar empaque a las propuestas de Mariano Rajoy para atajar la crisis. Y se la devolvió el líder del PP para evidenciar el ojo clínico del presidente del Gobierno en cuestiones económicas.

Y no es para menos la dimensión de sendos ataques, porque la credibilidad es el bien más sólido en el que se sustenta un proyecto político, la representación institucional y también las victorias electorales.

Convertidos en el hazmerreír de media España por intentar hacer pasar por 300.000 personas a los 18.000, 20.000, 25.000 o 30.000 manifestantes que el pasado martes clamaron por las calles de Vigo contra la fusión de las cajas, parte del gobierno de la ciudad ha gastado una gran dosis de su credibilidad en tratar de engañar a los medios de comunicación y a la ciudadanía agrandando, sin freno a la exageración, una marcha que con cualquiera de las cifras antes indicadas hubiera constituido un éxito de convocatoria en una protesta que no estaba secundada ni por el PP, el BNG, los sindicatos, la representación de las asociaciones de vecinos o la patronal.

Y no fue un fallo o un arranque de optimismo en un momento de exaltación de Abel Caballero, desentrenado en la cuestión de las manifestaciones desde su etapa de militante comunista. Él lo dijo, lo gritó al viento y su corte alabó el traje del emperador, que como en la fábula, ya se había quedado en pelotas incluso mucho antes de que en la tarde de la manifestación se hubiera citado en su casa con un alto cargo de Caixanova, con coche y chófer en la puerta.

Los 300.000 del ala fueron proclamados por el gabinete del alcalde y refrendados por el concejal de Seguridad: «Son 300.000 manifestantes y yo me lo creo», dijo Xulio Calviño , alabando una vez más el traje invisible del emperador. Pero no coló. Agentes de la policía local que él dirige, apuntaban por lo bajo la cifra de 20.000 almas en la Porta do Sol. El socio de gobierno del alcalde, recortaba incluso esa cifra en sus filtraciones blandiendo los informes de sus afines en la Policía Local. Y en esto llegó además la Policía Nacional y rebajó la cuenta hasta los 18.000 protestantes.

Pero la credibilidad del alcalde todavía sufrió un autogolpe mayor al día siguiente. Por la misma vía que habían sido certificados los 300.000 manifestantes, la alcaldía los recortó el miércoles en 216.688, hasta declarar que detrás de Caballero marcharon por la ciudad 83.312 personas en defensa de Caixanova.

En definitiva todo un ejercicio de ruptura de la credibilidad por un afán de estirar la realidad hasta hacerla irreconocible. Será esa la misma visión distorsionada con la que se ve todo lo que ocurre y necesita la ciudad. Es de esperar que no, que el rigor sea la moneda común, que la seriedad rija a los que se ha encargado trabajar por Vigo y que de paso alguna vez en la corte del emperador alguien se atreva a decirle que con su cargo no se debe pasear desnudo.