Marcar las directrices del planeamiento en Nigrán no es tarea fácil en un municipio costero en el que confluyen muchos intereses.
A Modesto Valverde le costó la alcaldía aprobar las normas subsidiarias en el año 87, lo que permitió que entrara gobernar Avelino Fernández, que llevó a cabo en el año 91 una modificación de las mismas que hoy en día sigue siendo el único instrumento que dispone el ayuntamiento para la concesión de licencias.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces y las normas se han quedado obsoletas.
Pero ningún alcalde ha conseguido dotar al Ayuntamiento de un Plan Xeral.
El primer paso lo dio José Villar Pereira al dejar consignado en su último año de mandato una partida para su contratación y haber recibido ofertas de diferentes empresas. El socialista Manuel Rial fue quien lo adjudicó cuando llegó a la alcaldía en el año 99. Pero el proyecto murió en el momento en el que la empresa redactora presentó un avance que no gustó ni a las asociaciones de vecinos ni a la oposición y que aquel gobierno se veía incapaz de defender en el salón de plenos al encontrarse en minoría.
Alfredo Rodríguez Millares retomó el proceso, pero lo hizo sin contar con los agentes sociales y el intento de aprobación fue un fracaso al estallar una revuelta popular que impidió que se celebrara el pleno. Una denuncia de la Fiscalía por presunta prevaricación al detectarse recalificaciones de terrenos a propietarios vinculados con el Real Club Celta de Vigo terminó por empañar aquel intento.
Borrón
Efrén Juanes llevó a cabo un borrón y cuenta nueva y convocó un concurso público para contratar una nueva adjudicación. El equipo redactor cumplirá tres años con esta tarea. El gobierno local no tiene prisa por aprobar el plan. Ha preferido ralentizar el proceso para fomentar la participación ciudadana. Pero por el camino ha ido perdiendo la confianza de los grupos de la oposición, por lo que un cambio de gobierno en las próximas elecciones podría volver a poner el urbanismo de Nigrán otra vez en el punto de partida.
El gobierno que consiga preparar un documento para su aprobación definitiva tendrá que enfrentarse a una cruda realidad. Al final cada vecino mira cómo queda su parcela, es imposible contentar a todos y cuesta votos.