El Concello eleva una queja a la organización por prohibir la entrada de instrumentos. El sombrero de la danza de Darbo viajó en asiento en primera clase y con cinturón
26 ene 2010 . Actualizado a las 12:08 h.El viaje de la delegación canguesa a Fitur el pasado viernes comenzó con los mejores augurios y al final se cumplieron, pero en medio todo estuvo a punto de irse a pique por la negativa rotunda de los agentes de seguridad de la feria a permitir que entrasen la gaita y el tambor en el stand de Rías Baixas.
Encabezada por la alcaldesa, la delegación, compuesta por la edil y una técnica de turismo, dos representantes de cada una de las tres Danzas ancestrais, un gaiteiro y un caja, embarcó en Vigo en un avión de Air Europa. Llevaban los aparatosos sombreros de flores de Darbo y Aldán en sendas cajas, con el máximo cuidado. El de la dama de Aldán viajó en un armario en primera clase y el de Darbo, como no cabía, en un asiento, sujeto con el correspondiente cinturón, como un pasajero distinguido.
Tal atención de las azafatas de la compañía auguraba una jornada excelente. Al llegar a la feria, sin embargo, las cosas empezaron a torcerse. Pasaron sin problemas los sombreros, que hubo que sacar de sus cajas porque no cabían en el escáner. Pasaron los políticos y los danzantes con sus castañuelas. Pero Seguridad se negó en redondo a dejar pasar la gaita y la caja. Los músicos protestaron vivamente, sin éxito. Cuatro agentes los escoltaron hasta el guardarropa y tras advertirles de que antes de retirarlos tenían que comunicárselo, los obligan a dejar allí los instrumentos.
La alcaldesa y la concejala de Turismo movieron Roma con Santiago, pero el jefe de Seguridad se mantuvo en sus trece. Los músicos, impotentes, se fueron al stand para cambiarse. Mos estaba presentando su «Galiña» cuando pasa una charanga de Teruel tocando alegremente. La delegación canguesa miró significativamente a las técnicas de Rías Baixas, que llamaron a Seguridad. Los agentes comprobaron la documentación de la charanga (la misma, escrita casi en los mismos términos, que la de Cangas) y la dejaron seguir.
Los cangueses inician un nuevo asalto en defensa de sus derechos. Entretanto, la delegación de Baiona sube al estrado a presentar la Arribada, con un grupo de animación que toca panderetas y castañuelas. A pocos metros se oye a unos mariachis en el pabellón de México y al lado, una dulzaina y un tambor castellanos.
Los de Cangas insisten, reiterando que no van a tocar, sólo estar presentes con los instrumentos junto a los danzantes, que tampoco iban a bailar. «Ao final nos dan por imposibles», dice el gaiteiro. Los dos músicos van al guardarropa y dicen que se les adelantó el vuelo y que se tienen que ir. Cogen la gaita y la caja y vuelven al stand. Allí, las técnicas les informan de que el presidente de la Diputación dijo que tocasen.
El caja tuvo que retirarse a una esquina a tensar el instrumento. El gaiteiro se fue a un pasillo interior a afinar la gaita. Tocaron finalmente un extracto de la danza mientras se proyectaba el baile en una pantalla.
Al terminar, damas, galanes, políticos y músicos recorrieron la feria. Pasaron delante del stand de Madrid cuando el alcalde Ruiz Gallardón daba su discurso. Muchos de los oyentes lo dejaron plantado para hacerse fotos con la delegación canguesa. Los sombreros de las damas, los pendientes del galán de Darbo y el «pelegrín» de O Hío, al que se arrimó el famoso e incombustible Zapatones para una foto, llamaron la atención del público. La presencia de Cangas, cuyo Concello elevó una queja formal a la organziación, fuea pesar de todo un éxito.