La propuesta de acotar las zonas de trabajo en el archipiélago de Sálvora tampoco ha sentado nada bien en el colectivo marisquero ribeirense. José Manuel Francisco Dios es un percebeiro de Aguiño que desarrolla su actividad desde hace 16 años. Según él, de llevarse a cabo la iniciativa, muchos productores tendrán que dedicarse a otra cosa: «El entorno de Sálvora es el lugar de trabajo de unas 300 personas, entre Ribeira y Aguiño, no es solo un número, son familias enteras que viven en su mayoría del percebe, la navaja o la almeja». Falcón, como le conocen familiares y amigos, cree que una decisión de este calibre debería ser consensuada con el sector. «Creo que los responsables políticos no son conscientes a veces de las decisiones que toman; no saben el daño que pueden causar en la ciudadanía», comentó. Hay que tener en cuenta que la cofradía de Aguiño, cuya facturación ronda los 3,8 millones de euros al año, tiene en el percebe su principal fuente de ingresos: «Quien más y quien menos tiene en Sálvora el sustento de sus hijos y no se puede tomar la decisión de acotar las zonas de trabajo así porque así».
El productor puso como ejemplo el entorno de Curro das Cabras: «El percebe que se da allí es de una calidad insuperable y el de mayor prestigio para esta cofradía». Y añadió: «Quitar esa área del mercado supondría el final económico para esta parroquia. No se olvide de que Aguiño es reconocida a nivel gallego y nacional por el percebe que produce; si el patronato acota las zonas de producción en Sálvora, Noro y Vionta, la decisión supondría la ruina para este pueblo. Y lo que es peor, ¿a qué nos dedicaremos después?».