La relación causa efecto no existe en el Celta B. Cuando el filial celeste desarrolla un partido gris acaba con tres puntos en el zurrón. Cuando crea ocasiones para ganar con solvencia, acaba perdiendo.
Sucedió ayer ante un Lemona que hizo de la praxis virtud. Jugó diez minutos, tiró tres tiros a puerta y se colgó del larguero. Lo suficiente para ganar aprovechando un mal día de Sergio -el tantas veces salvador del equipo de Milo- y para salir indemne ante la miopíla de Oriol y compañía.
Pese a las bajas, el Celta B pudo ganar de calle. Comenzó bien, llegando con facilidad, y cuando el partido se ponía espeso e incluso feo, un zambonbazo desde la fronta de Pedro García que se coló por toda la escuadra permitió al equipo de Milo irse al descanso con el partido encarrillado.
Sergio y compañía volvieron del vestuario con la pájara y en un error colectivo: primero de la zaga por no defender un saque de banda y después del portero por no salir ni atrapar el balón, Solaun empató.
El tanto espabiló a los locales, que tiraron de descaro para fabricar al menos media docena de meridianas ocasiones. Oriol tuvo las dos más claras. Una en un error de recepción del portero que no acertó a culminar y otra en una disparo tan suave por encima del meta que a Amezaga le dio tiempo de sacarlo sobre la misma línea. Túñez con un cabezazo también estuvo cerca de anotar. Lo mismo que Álex y Aitor.
Sin embargo faltó puntería y sobró infortunio. A falta de cuatro minutos una contra a trompicones del equipo cementero acabó en gol. Imanol se encontró con un balón regalado en la frontal y marcó de tiro cruzado.
Al borde del descuento Aitor pudo salvar un punto pero no era el día.