Un negro con el corazón «merengue»

La Voz

VIGO

«¿Que qué me gusta hacer en mi tiempo libre? ¿Qué es eso?», ironiza Ibrahima. Necesitaría jornadas de 36 horas para atenderlo todo y a todos. «A veces me dicen no me entró tu correo electrónico hasta las tres de la madrugada. Y tengo que explicarles que hasta esa hora no tuve ni un hueco».

Solo cuando juega el Real Madrid procura hacer lo imposible por no perderse el partido. Y le gusta verlo en el bar, rodeado de amigos, a poder ser forofos como él del club merengue para disfrutarlo, si cabe, un poco más. Le apasiona el fútbol. «También sigo al Celta, pero este año un poco menos porque lo único que produce son dolores de cabeza», comenta con cara de contrariedad.

Cambiamos de tema y troca la contrariedad en ironía: «Mis colegas y yo somos los únicos vigueses en Samil en los meses de julio y agosto». Se refiere a los compañeros con los que comparte el trabajo de la venta ambulante en la playa. «Cuando recién llegado a Vigo me comentaron que en Samil en verano solo hay emigrantes no entendía nada. Hasta que me di cuenta que incluían en ese saco a los ourensanos y a los portugueses», explica.

Ibrahima espera regresar a África algún día, pero el sueño que persigue ahora con más fuerza es el de crear un museo de aquel continente.