Los ciudadanos vigueses pronto se acostumbrarán a oír el nuevo vocablo que pondrá de moda el juzgado de lo Mercantil y la crisis. Se trata del concurso de acreedores, un procedimiento judicial que busca que todos las personas que reclaman dinero a un moroso insolvente puedan repartirse equitativamente su patrimonio y bienes, incluidas las herencias. Es un sistema más justo que el anterior, donde no todos cobraban sino los primeros en llegar, quizás porque contaban con información privilegiada. Los últimos se quedaban sin nada. Con el sistema actual, todos los acreedores cobran algo. Normalmente, entre estos figuran los trabajadores, proveedores y entidades financieras que reclaman dinero a una empresa que se declaró en quiebra o suspendió sus pagos. Debido a que Vigo es una ciudad con gran número de industrias, estos procedimientos serán muy habituales en adelante.