El mar tiene su laboratorio en Vigo

VIGO

En septiembre de 1952, Francisco Franco inaugura la primera sede del instituto en el edificio del Colegio Alemán, expropiado a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial

23 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

José López Ortiz, obispo de la diócesis de Tui, agitó el hisopo para bendecir las nuevas instalaciones. Francisco Franco observaba la operación en aquel mismo edificio que, tan solo siete años antes, había acogido numerosas banderas nazis y retratos de Adolf Hitler. Era el Colegio Alemán. A partir de aquel 23 de septiembre de 1952, el centro ubicado en la calle Pi y Margall (entonces, General Aranda), se convertiría en el Laboratorio Costero del Instituto de Investigaciones Marinas.

El colegio, fundado por Alemania al igual que otros once en toda España, había sido expropiado por el Gobierno en 1948, a través de las negociaciones realizadas con el Consejo de Control Aliado en Alemania, una comisión encargada de confiscar todos los bienes alemanes tras la Segunda Guerra Mundial.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas había decidido ubicar en este colegio el laboratorio costero, dependiente del Instituto de Investigaciones Pesqueras de Barcelona, del que no se desvincularía hasta 1978. La sede del Colegio Alemán se mantuvo hasta el año 1960, año en el que pasó al edificio porticado de la avenida de Beiramar, donde permaneció hasta 1973.

La adaptación del edificio a los nuevos usos había comenzado a mediados de 1951. Según narra un periodista de El Pueblo Gallego , que recorrió las salas un día antes de la inauguración, el lugar olía a formol y había cientos de frascos con peces en su interior. Las instalaciones tenían salas de conferencias, biblioteca, laboratorios, una residencia para el personal, un museo y salas de disecciones. Se informaba entonces de que existía la intención de dotar al centro de dos acuarios, uno de ellos dirigidos a la exhibición pública.

En el yate «Azor»

En julio de 1951, el alcalde accidental de Vigo y García del Cid, futuro primer director del laboratorio, acudían al Colegio Alemán, en compañía del arquitecto municipal, para valorar las necesidades que requería el edificio. A mediados de abril del año siguiente, una placa ya identificaba el lugar como Instituto de Investigaciones Pesqueras, aunque continuaban las reformas internas que concluyeron pocos días antes de la llegada de Franco a Vigo.

El dictador llegó a la ciudad, o mejor dicho a la bahía porque acudió a bordo del yate Azor , el 22 de septiembre de 1952. Durmió en su barco en compañía de su mujer y su hija, ya marquesa de Villaverde. El laboratorio pesquero no era el único objeto de inauguración aquel día. El nuevo edificio deportivo del Real Club Náutico también sería «bendecido» por el generalísimo aquella misma mañana.

Náutico

El edificio náutico inaugurado aquel día es el que se sitúa al final del espigón de la dársena deportiva. En la planta baja se situaría la sección de remo, vela, pesca deportiva, natación y motonáutica, así como un vestuario y una sala de gimnasio. El entresuelo estaba destinado a pañoles, mientras que la segunda planta se dedicaba a sala de recreo. Entonces, aún no se había construido la piscina, aspiración que ya flotaba en la junta directiva del club vigués. Franco, durante la inauguración, habló de sus capturas pesqueras.

La prensa del día titulaba: «Franco, paladín de los problemas vigueses». Claro que con él venía su mujer, que dedicó la tarde del día anterior a realizar unas «compras» por algunos establecimientos de la ciudad. La delegación de Trabajo dictaminó que se paralizase la actividad comercial e industrial durante la mañana del día 23 para que los vigueses pudiesen «rendir tributo de adhesión y admiración por el Caudillo». La jefatura comarcal del Movimiento ordenó a sus afiliados que se concentraran, vistiendo camisa azul, ante el Real Club Náutico, mientras que ex combatientes y miembros de la organización Guardias de Franco dirigió a sus asociados a otros puntos de la ciudad. Por su parte, los tranvías se vieron obligados a alterar algunas líneas para que las calles, por donde pasaría la comitiva, quedasen expeditas.

La prensa no lo decía, pero desde días antes, las personas sospechosas de no comulgar con el régimen fueron acogidas por la policía.