Los 19 kilómetros de la ruta del pobre

VIGO

Es como una etapa del camino de Santiago. O casi media maratón. Pero 19 kilómetros es el recorrido que cada día deben hacer los sintecho de Vigo para acceder a los servicios sociales repartidos por la ciudad. La falta de atención pública y de coordinación hace que duerman, coman, reciban medicinas o laven su ropa de una punta a otra del casco urbano. Un centenar de transeúntes están atrapados en «la ruta del pobre».

«La ruta es penosa y existe porque en Vigo no hay unos servicios sociales centralizados», lamenta Tino Iglesias, gerente del albergue de los Misioneros de Teis: «La atención a los pobres en la ciudad la hacemos entidades privadas; nosotros, Cruz Roja, Sereos, Médicos del Mundo, Cáritas, Imán? cada una está donde puede, repartidas por la ciudad, y los sin techo se pasan el día caminando por la calle, de una a otra».

En el camino, son muchos los enfermos, personas mayores o discapacitados. Pero todos se ven abocados a los 19 kilómetros.

El camino comienza en el albergue de los Misioneros, que llena cada noche sus 64 plazas. Los sin techo desayunan a las 7.30 horas. Tras colaborar en la limpieza de las instalaciones, inician la ruta sobre las 8.30. Su primera etapa es de 5,3 kilómetros, hasta el centro de Médicos del Mundo en la calle Islas Baleares. Allí hay un servicio de «calor y café», donde los indigentes pueden desayunar y refugiarse viendo la tele.

Aquí se hace también un seguimiento sanitario de los sintecho, los toxicómanos intercambian jeringuillas y hay una ducha común. Los miércoles, una peluquera se brinda a cortarles el pelo. Pero lo más valorado en Islas Baleares es la lavadora. Aquí acuden todos los transeúntes para lavar su ropa.

Desde Islas Baleares, algunos indigentes van a los servicios sociales del Concello, en la praza do Rei. Otros, a solucionar problemas administrativos a la Xunta o Tesorería de la Seguridad Social: la solicitud de una pensión, la renovación del Risga,... Algunos se dirigen al hospital Nicolás Peña a recibir medicación o van a O Berbés, a buscar trabajo en la descarga. Pero todos, a las 12.30 horas, estarán ante el comedor de la Esperanza, en la iglesia de San Francisco, donde se les ofrece una comida de dos platos. Otros irán al de las Misioneras del Silencio, en la calle Cervantes. Como mínimo, habrán hecho para entonces 8 kilómetros, o más, si sus trámites han sido largos.

A las 13.00 horas, tras el almuerzo, muchos van a los difetentes roperos repartidos por la ciudad. Uno de los más populares es el de la iglesia de San Martín, en Coia. Llegar hasta allí eleva la caminata hasta más de diez kilómetros.

El regreso a casa se realiza también andando. «Esta gente no tiene dinero para nada», explica Tino Iglesias, «a todas partes van a pie, se les obliga a pasearse por toda la ciudad; y hay mucha gente mayor o discapacitada».

El camino de vuelta hasta los Misioneros de Teis se hace largo. En la última etapa de la ruta del pobre, los indigentes van coincidiendo. En muchos casos, hacen grupo, urgidos todos por la hora de entrada.

Cuando llegan al albergue, no más tarde de las 18.30 horas -si quieren tener derecho a cena-, han recorrido casi veinte kilómetros. Calculado con un podómetro, exactamente 19,4, uno menos que media maratón. A la mañana siguiente, cada día, de lunes a domingo, comenzará una nueva ruta del pobre.