Dibujantes y público destacan como principal mérito de la semana de Cangas el acercamiento entre los propios autores y con los aficionados en general
26 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El Salón do Cómic de Cangas finaliza hoy su décimo tercera edición tras cinco días de una intensa actividad, con la presencia de los cuatro dibujantes invitados y otros autores reconocidos en el mundo del cómic, que decidieron acudir por su cuenta, además de los talleres, proyecciones y exposiciones programadas durante toda la semana.
El de Cangas es un pequeño salón que, sin embargo, dibujantes de reconocido prestigio internacional valoran particularmente. ¿Por qué? Precisamente por sus dimensiones, que permiten a los autores relacionarse entre sí y acercarse a su público.
Por este motivo, y también porque el padrino del salón es nada menos que Horacio Altuna, uno de los dibujantes de cómic erótico mas considerados, siempre están dispuestos a volver a Cangas. Juegan también a favor el trato, el ya tradicional y esperado viaje a Cíes (al que no pudo ir Fontdevila por encontrarse mal) y la gastronomía de O Morrazo.
Poco público
Ayer fue un mal día en cuanto a público. Apenas unos pocos aficionados asistieron a la charla conjunta de Gabor, Montse Martín y Diego Olmos. Poco antes, los dos primeros, Horacio Altuna y Fontdevila, charlaban animadamente sobre algunos de los dibujos de la madrileña Martín, tras recorrer parte de la exposición que muestra un centenar de originales de los cuatro autores invitados, alguno inédito, pendiente aún de publicación, tanto de Gabor como de Montse Marín.
La coordinadora del salón, Merchi Lorenzo, trabajadora del departamento de Xuventude del Concello de Cangas, decía, observando la sala casi vacía: «No se si habrá que hacerlo en invierno».
Los dos madrileños visitan Cangas por vez primera. «La organización, genial; y el lugar, ideal», afirmó Gabor. «Es un salón pequeño, pero así es mejor», añadió.
Gabor y Martín trabajan para el mercado francés. «El cómic va bien si trabajas para el extranjero. Te saca las castañas del día a día. En España hay mercado, pero si pasas los Pirineos, es una pasada. En Francia, desde los cinco a los setenta años, todos leen cómic. Es cultural. Realmente, es bonito», dice Gabor.
Cuando se le pregunta si volverá al salón del cómic cangués, responde, sin dudas: «Seguro; nos tratan genial».