El «Metropolitano»

VIGO

14 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace casi un siglo, Vigo disponía de un «metro». Así llamaban los vigueses al Metropolitano, una extraña sala de cine situada en la Alameda, en su esquina con la calle Pablo Morillo. Corrían los felices años veinte y sobraba imaginación. El singular cinematógrafo estaba emplazado en un galpón que imitaba un vagón de ferrocarril, emplazado sobre raíles.

El espectáculo era siempre el mismo. En la pantalla situada al fondo del vagón, se proyectaban diversos paisajes en movimiento, imitando un viaje en tren que atravesaba poblaciones, superaba puentes y se adentraba en oscuros túneles. El público se acomodaba en sus asientos y disfrutaba de aquel ingenio, mientras por los altavoces se escuchaba el rechinar de las ruedas, el rugir de la caldera de vapor y, de cuando en cuando, el silbido de la bocina.

El taquillero del Metropolitano iba vestido como un jefe de estación, con gorra de plato, y las entradas a la función imitaban billetes de ferrocarril. A la entrada del vagón, un falso revisor picaba los pasajes con unas tenazas.

El «Metro» tuvo cierto éxito en los años veinte y era uno de los entretenimientos que los vigueses podían disfrutar en sus paseos por la Alameda. Aunque, con el paso del tiempo, el singular cinematógrafo fue perdiendo clientela, aburrida de hacer siempre el mismo viaje, que no llevaba a ninguna parte.

Noventa años después, sin embargo, el Metropolitano sigue vigente. Viajar entre Vigo y A Coruña supone dos horas y diez minutos en el tren más rápido. El más lento se demora hasta casi tres horas.

Ir a Oporto son tres horas de viaje, con parada en casi todas las estaciones y apeaderos, hasta convertir el Eixo Atlántico en una entelequia ferroviaria. Y viajar a Madrid o a Barcelona sigue siendo una experiencia propia del Transiberiano.

Durante años, se nos engañó afirmando que la alta velocidad llegaría en 2012. Antes, otros gobiernos nos la prometieron en 2008. Pero lo cierto es que hoy ni siquiera se atreven a ponerle fecha.

El pasado 12 de enero, hace hoy 153 días, la entonces ministra Magdalena Álvarez se presentó en Vigo para presentar unos nuevos y modernos trenes que habrían de sustituir a los que operan en el corredor atlántico. La señora, acompañada del alcalde y de diversos cargos, tuvo incluso la gentileza de subirse a uno de estos vagones, traído a la ciudad para la presentación. Tras hacerse las fotos, dijo que estarían funcionando antes del fin de marzo, mes electoral. Sin embargo, seguimos esperando.

El vagón al que se subió Doña Magdalena era, pues, una ficción, un remedo, un simulacro. Casi un siglo después de aquello, nos siguen subiendo como a tontos al viejo «Metropolitano».