El Celta juvenil no pudo poner la guinda a una gran temporada con una buena participación en la Copa del Rey. Lo que parecía una eliminatoria encarrilada en los octavos de final frente al Athletic de Bilbao, tras la victoria por 0-1 en la ida en Lezama, se torció de forma inesperada nada más comenzar ayer la vuelta en Barreiro.
A los tres minutos de juego, en la primera aproximación de los vascos, Saborit enganchó un tiro cruzado que sorprendió al meta local Mario. Fue un golpe inesperado, que igualaba la eliminatoria, y que a los vigueses les costó digerir.
Fue una primera mitad de lo peor de la temporada para el equipo de Guillermo Fernández Romo. El Athletic conseguía desarbolar el centro del campo celeste y se plantaba con bastante facilidad en el área céltica.
En el minuto 36 llegó el segundo mazazo de la mañana. Etxaniz cabeceó un centro al fondo de la portería celeste.
Hasta después del descanso el Celta quedó muy tocado. En la segunda parte llegaron sus mejores ocasiones. La más clara fue un cabezazo que sacó el portero cuando parecía que ya podía haber traspasado la línea de gol.
A partir de ahí los célticos, que necesitaban marcar dos goles para pasar de ronda, se emplearon con más corazón que cabeza. Los rojiblancos se cerraron con mucho orden y a los vigueses les faltaban ideas en los últimos metros. Guillermo Fernández trató de buscar soluciones cambiando de posición a jugadores como Toni.
Un nuevo centro de Toni llegó con claridad a la cabeza de Mathias, que picó demasiado el remate y el balón se fue por encima de la portería tras botar en el suelo.
El encuentro fue expirando sin que llegase el gol de la esperanza. Pero esta campaña será recordado como una de las más brillantes de los juveniles célticos con la final de la Copa de Campeones.