En el Día Internacional de los Museos, un periodista de La Voz se enroló en un «tour» de visitas guiadas a las salinas romanas de Rosalía de Castro, al Museo do Mar y al Marco
18 may 2009 . Actualizado a las 11:16 h.Domingo lluvioso, toca hacer maratón de museos por Vigo. La ruta de la sal que organiza el Museo do Mar es una buena oportunidad para conocer de una tacada la Salinae, el Centro Arqueolóxico do Areal, excavado bajo los sótanos del ambulatorio de Rosalía de Castro, y el propio Museo do Mar, en Alcabre. El centro ha organizado el ciclo Liña da sal y propone un recorrido guiado por la ciudad para ver los antiguos procesos de producción y usos de la sal. Todo ello acompañado de música, contacontos y baile.
Son las 11.00 horas. Medio centenar de visitantes, entre los que se encuentran padres con niños pequeños, jubilados y otros curiosos, se resguardan de la lluvia en los soportales. La monitora informa de que el mal día obliga a suspender la ruta a pie por la calle Alfolí de Bouzas, donde estaban ubicados los almacenes de sal de la ciudad, prevista en la sesión matinal. Pero un grupo de músicos y una actriz vestida de doña Croqueta amenizan la entrada al complejo arqueológico. Un dato sorprende a los visitantes: la salina se extendía desde la calle Colón hasta el inicio de Guixar y medía tanto como 25 campos de fútbol. La actual calle Rosalía de Castro estuvo ocupada por esas salinas.
En el sótano, la monitora explica el sistema que seguían los romanos para extraer sal del mar. Inundaban unas esclusas, pasaban el agua a unos compartimentos estancos y aguardaban tres días hasta que se evaporase. Un niño salta: «¿Por qué el agua de las salinas era verde?». Sin dar tiempo, él mismo se responde: «Porque el agua estancada tomaba el mismo color que los pantanos». Aplauso general para el pequeño científico. A la salida, el grupo recibe un suvenir: un saquito con sal marina. ¿Servirá para aliñar la ensalada?
El bus turístico de dos plantas recoge al grupo. Próxima parada: el Museo do Mar. Estamos en la sala de la boya torpedera inventada por el metalúrgico Sanjurjo Badía. La contacontos Beatriz cautiva a pequeños y mayores con la historia de una abuela de sal y un abuelo de azúcar. El final es lacrimógeno.
Cartagineses en Vigo
Nueva parada: yacimiento castrexo a pie de playa, y bajo los cimientos del Museo do Mar. Resulta que los arqueólogos han hallado aquí un altar de los cartagineses (Aníbal y los elefantes), prueba de que comerciaban con sal en la antigua costa viguesa hace 2.600 años. La visita continúa con el número de danza contemporánea Capuccino para dos, del dúo Losdedae. La siguiente parada es una réplica de una prensadora de sardinas. La excursión concluye con un duelo de baile y piruetas de breakdance de los Inthecisos.
Por la tarde, toca visitar el Marco por cuenta propia. La instalación de 54 tetrápodos de cemento para dique de Santiago Sierra consigue despertar las mismas emociones que el joven Picasso cuando expuso su lienzo abstracto Señoritas de Avignon en París: irritación. En la planta superior, alejada del arte obrero y policial, los niños cubren su pasaporte por los talleres donde aprenden a diseñar carteles turísticos de Vigo o a deconstruir la fachada de O Berbés con cartulinas y rotuladores. El resultado es más alegre que la visión real. A la salida, una cara conocida pregunta: «¿Qué te ha parecido la exposición de Sierra? Sé sincero». El visitante duda: «Hmm... Opino lo que todos».