También culinario. Lluís Llongueras hizo ayer escala gastronómica en Vigo. Buen amante de los frutos del mar eligió como puerto base la casa de Carmiña Valverde, es decir El Mosquito, uno de los templos reconocidos de la especialidad en la ciudad. «He venido un poco de incógnito. Estoy haciendo una ruta gastronómica para enseñar a mis hijos a comer marisco», afirma. Mientras hablamos da buena cuenta de unas ostras en la calle Pescadería. «¡Con qué maestría las abren estas mujeres!», se admira.
Cuenta que la ruta durará hasta el domingo, que es cuando se acaban las minivacaciones de sus hijos, de 14, 12 y 9 años, respectivamente. Cuenta también que la cata de marisco -«siempre que esté en su punto me gusta todo»- es un deporte que practica con toda la entrega de la que es capaz desde hace 30 años. «A otros les da por hacer el Camino de Santiago», comenta riendo.
La lección de ayer de ese sabroso cursillo que Llongueras está ofreciendo a sus hijos incluyó ostras, vieiras, percebes, cocochas... En el menú de la noche anterior, en este caso en Cambados, hubo zamburiñas, centolla, más vieiras... «Pegadas a su concha, cosa que solo se disfruta en Galicia», dice fascinado.
El estilista, pintor, fotógrafo, escultor... aprovechó la visita a Vigo para pasar por la peluquería de Carmen Rodríguez en la calle República Argentina, donde dejó su impronta artística en una de las paredes del salón en forma de dibujo. La otra, la estilística hace décadas que la comparten. «Llevamos 24 años juntos», afirmó Carmen.
Lluís está a punto de inaugurar exposición de pintura y libro de fotografías de desnudos femeninos. «Aún no sé el título porque Modelos de arte, que es mi propuesta no parece convencer mucho a la editorial», señala. Lo que sí sabe es que se presentará en la Feria del Libro.
Lo del arte le viene a Llongueras de antiguo. De hecho su padre le matriculó en Bellas Artes, pero el entonces jovencísimo Lluís no pisó la escuela porque pensaba que nunca podría emular a sus ídolos: Van Gogh, Picasso, Dalí.. Terminó probando suerte como botones en una de las mejores peluquerías de Barcelona y allí empezó todo. Según su biografía, con 300.000 pesetas de crédito abrió su primera peluquería en 1958 que, como era menor de edad, tuvo que poner a nombre de su madre.
Lo curioso es que con el paso de los años se hizo patente la vena artística que su padre le había pedido que cultivara. En 1987 inauguró su primera muestra de esculturas. Y aún mas curioso, terminó compartiendo amistad con Dalí, uno de sus admirados, al que se cuenta que ponía los rulos y arreglaba el bigote.
De lo que no habla su biografía es de su extraordinaria amabilidad que, adobada con ese encanto personal que irradia y esas dotes de conversador, hace que se gane por la mano a cualquier interlocutor. Pues sí.
Lo 118 vecinos de Crecente que hace unos días disfrutaron de una jornada de asueto en Ons están dispuestos a repetir experiencia. Cuenta la concejala Marisol López que el viaje permitió a algunos de los excursionistas más jóvenes subirse por primera vez al tren, y a los de más edad recordar viejos tiempos.
Y es que uno de los atractivos de la actividad consistió en combinar distintos medios de transporte, autobús, tren y barco, fruto de la colaboración entre Concello, Renfe y Xunta. Lo dicho, quedan a la espera de otra jornada de convivencia similar, incluido el buen tiempo, que bien parecía que lo hubieran encargado previamente.
Sesenta. Son los que hace que nació a nivel mundial. Fundada en Austria por Herman Gmeiner en 1949, esta ONG está hoy presente en 132 países. A España llegó en 1967, donde cuenta con un total de ocho sedes. La redondelana fue la segunda en abrir sus puertas.
Lo hizo el 16 de noviembre de 1975, cuatro años después de que el Concello acordase ceder los terrenos en la zona de Ventosela. Rita Regojo fue la fundadora y presidió la asociación hasta el 2002, fecha en la que cedió el testigo a Rosa Freire.
A día de hoy la aldea, que está dirigida por Camilo Fernández, cuenta con 13 edificios, de los que ocho son hogares con capacidad para 48 niños. Hay también un centro de atención de día, al que pueden acudir un máximo de 15 chavales y una casa comunal, en la que residen las llamadas tías SOS, esto es las ayudantes del hogar. Felicidades anticipadas.