En la macroescultura que preside la plaza de España ha encontrado este año inspiración Jesús Veiga. Una década lleva ya este maestro pastelero poniendo los dientes largos a sus clientes de la panadería El Trigal (Alexandre Bóveda, 1), con los que dicho sea de paso, comparte siempre su arte.
La iniciativa de hacer algo especial para celebrar la Pascua surgió casi por casualidad, un poco para emular viejas tradiciones de otras latitudes y un poco para agradecer a los clientes habituales su fidelidad. Por una parte las esculturas de chocolate se convierten en un reclamo y, por otra, el domingo de Resurrección se hace añicos lo suficientemente grandes como para endulzar el día a los asiduos del establecimiento.
En esta ocasión han empleado alrededor de 70 kilos de chocolate, que Jesús ha transformado en un monumento ecuestre de dos metros de alto por 90 centímetros de ancho. En cuanto a las horas de trabajo que ha empleado, bien puede decirse que todas. Eso sí, como lo hace con cariño, dice que no las cuenta.
La figura del pasado año, un calco del monoplaza de Fernando Alonso, terminó convertido en 850 raciones de chocolate que, según había contado Cándido Durán, propietario de la pastelería, no habían sido suficientes para atender la demada. «Nos quedamos cortos», dijo entonces. Es de suponer que lo habrán tenido en cuenta para no dejar a nadie sin chocolate.
Así definió Pablos al desaparecido pintor en la inauguración de la restrospectiva que estos días puede contemplarse en el Club Financiero. Dijo también que habían sido muy amigos, en realidad «todo lo amigo que se podía ser de Rafael», al que adjudicó un carácter muy particular. Muchos de los asistentes que le conocieron bien asentían, entre ellos Teresa Pérez, su viuda.
Ésta aprovechó para deshacer un entuerto muy extendido: «Se ha publicado hasta la saciedad (tomé nota porque una servidora también lo hizo), que Lady D y el Príncipe Carlos recibieron un cuadro de Rafael como regalo de boda. Pues no, los verdaderos destinatarios fuieron Sarah Ferguson y el Príncipe Andrés. Puede corroborarlo la persona que se lo regaló», dijo. Dicha persona pertenece a una familia muy conocida de Vigo que está vinculada por lazos de amistad con la realeza británica.
La muestra, en la que predominan las acuarelas, técnica que Alonso ejerció con maestría, abarca distintas etapas de su vida, desde los años cincuenta hasta 1993, ya que colgó los pinceles prácticamente dos años antes de morir.
Entre otros, asistieron a la inauguración, José María Barreiro, que tiene garantizada la presencia de las musas en su refugio de Cela; Asun Molares, la única mujer que ha dirigido un secadero de bacalao en Vigo; Menci Pérez, que estos días ejerce de Cicerone junto a otros socios de Amigos de los Pazos, de sus homólogos portugueses por distintas casonas de la provincia, o el doctor Jesús Antelo, un apasionado del arte que atesora más de un Rafael Alonso en su colección privada, y que ahora que acaba de jubilarse se ha propuesto catalogar y ordenar de una vez por todas. Le llevará tiempo -«tal vez un año», afirma-, porque hay muchos museos que no tienen tanta obra como él. Lo dicho, la cita en el Club Financiero.
Son los que cumplió Manuel Pazos, O Rabado, antes de ceder el testigo a su sucesor. Con tal motivo, el Concello de Soutomaior le rindió homejane ayer. El acto, en el que participó el alcalde, Agustín Reguera, sirvió de prólogo a la Fiesta de la Ostra, que el domingo vivirá su día grande.
El profesor Carl Djerassi recibirá esta tarde (19.30 horas, Centro Social Caixanova) el premio Alecrín, galardón con el que la asociación del mismo nombre reconoce la contribución de personas o entidades en relación con la defensa de los derechos de las mujeres. El descubrimiento de Djerassi y sus colegas a principios de los 50 supuso un salto cualitativo en el control de la natalidad.