Los expertos de la Guardia Civil señalaron que las dos muestras de ADN recogidas durante la investigación del doble crimen de Silleda, en el que fueron abatidos a tiros Víctor Manuel González Silva y Santiago Mondragón Paz, identifican ineludiblemente a Juan José Bertolo Ferreiro y a Carlos Montoto Sanmartín. Aseguraron que «se obtienen dos perfiles genéticos que coinciden con los dos detenidos». Los rastros de ADN se obtuvieron de la parte interior de sendos pares de guantes de látex, si bien no pudieron precisar el lugar donde fueron recogidos, si en el escenario del crimen o en el interior de un coche propiedad de Bertolo Ferreiro. En la segunda jornada del juicio, que continuará hoy, prestó declaración un nutrido grupo de testigos, algunos de los cuales situaron a Carlos Montoto a varios kilómetros del lugar del suceso en el intervalo de tiempo en el que se produjeron las muertes. Así, hubo quien manifestó haber pasado casi toda la jornada en compañía del acusado, aunque fueron muchos los que optaron por decir «no recuerdo» para contestar a determinadas preguntas. Ese fue el caso de la compañera sentimental de Carlos Montoto. Declaró que a primera hora de la noche el acusado estuvo en su casa viendo la televisión y cuidando de su hijo, si bien las acusaciones hicieron constar que incurrió en contradicciones sobre lo declarado anteriormente. Por su parte, la novia de Víctor Manuel González Silva, uno de los dos hombres asesinados a tiros la tarde del 26 de mayo del 2005, puso de relieve que su pareja le comentó que iba a cobrar una importante cantidad de dinero, que le debía «un chaval de A Estrada que tiña un taller», por la venta de un BMW. Juan José Bertolo, en su momento, confirmó que tenía un negocio de estas características y que allí había ocultado un arma de fuego que, supuestamente, le entregó José Ramón Rey Docampo, el tercer acusado del crimen. La tesis que se fue afianzando a lo largo de todo el día, o al menos es la que sospechan algunos familiares de los fallecidos, es que las muertes se pudieron haber debido a una deuda por la compraventa de vehículos. Así lo confirmó la propia hermana de Víctor Manuel González, quien ahondó en esta teoría al señalar que «tiña vendido un BMW e estaba pendente do cobro. Ía cobrar eses días». A esta hipótesis también se refirió la viuda de Santiago Mondragón, la otra víctima, quien recordó que su marido nunca fue denunciado por nada relacionado con el mundo de la droga. Restos de pólvora en manos Y si las pruebas de ADN señalan a dos de los tres acusados, otro tanto se puede decir con los restos de pólvora hallados en las manos de los encausados o del hecho de que los casquillos encontrados en el lugar del crimen coinciden con la pistola hallada en el taller de Bertolo. En todo caso, un especialista en medicina legal puso de relieve, a instancia del abogado de Rey Docampo, que esos restos «no quieren decir que hayan disparado». Precisó que pueden haberse transferido al darle la mano a un tirador o por coger un arma, «no necesariamente la del crimen».