«¿A qué hora nos tiran por el barranco?». Eso preguntaría yo, si fuese uno de los 700 jubilados a los que llevaron engañados a un mitin de Anxo Quintana. Cierta superchería popular, trufada de un agudo humor negro, sostiene que los viajes del Imserso se utilizan a veces para eliminar a pensionistas, organizando terribles accidentes de autobús que logran descargar a las arcas públicas del pago de sus bien merecidas pensiones.
La humorada tiene un cariz siniestro, pero se la he escuchado, muy a menudo, a simpáticos ancianos, que bromean con la posibilidad de que el Estado organice excursiones para liquidarlos en grupo.
Sin embargo, después de lo visto ayer en Oia, no sé si sería preferible que, una vez logrado el tan bien ganado retiro, te tiren directamente por las acantilados, con autobús y todo, antes que verte tratado como un tonto del bote.
Alguna brillante mente asesora del vicepresidente metió el jueves la pata hasta las trancas. Y decidió que se puede llevar a setecientos «mayores» a una excursión a Portugal, pero desviar los autobuses a medio camino para que, en el restaurante, Anxo Quintana apareciese «casualmente» por allí y les soltase un mitin.
Es bien cierto que ni PSOE ni PP pueden presumir de tener más remilgos en tratar a los jubilados como a ganado. Sus pastoreos de «mayores» en Andalucía o, hasta hace nada, en Galicia, no dan lugar a dudas de que esta lacra es patrimonio de todos.
Pero ayer le tocó hacer el ridículo a Quintana. Y la anécdota, que él ha calificado como menor, aunque en realidad no lo crea -¿qué va a decir?-, es de las que en otras democracias, más asentadas, como las de Estados Unidos o Reino Unido, fríen la campaña de cualquier candidato.
Viendo lo de ayer en Oia, uno preferiría que lo tirasen directamente por el barranco. Desde luego, antes de sentir que lo pastorean a uno, y que lo llevan a mítines engañado. Como duda, sólo queda si en los tiempos de Fraga había mayores que se quejaban y si sus mismas quejas llegaban a ser noticia.
La historia de Oia revela qué aliviante es que el voto no se pueda ejercer antes de los 18 años. No queremos imaginar la estampa de los políticos revolcándose en los parques de bolas y fotografiándose mientras se refocilan en la merendola, con los morros untados de Nocilla. Es una gloria que la infancia esté a salvo de estos señores, y de sus nefastos consultores de campaña.
Por fortuna, la avidez de los asesores no llega a los niños. Les basta con un poco de fiestas de jubilados y alguna ración de cheques a los emigrantes. Así, por lo visto, se ganan las elecciones?