El cuadro celeste tiene varias cuentas pendientes con un Castellón que ha hecho del pragmatismo virtud
08 feb 2009 . Actualizado a las 02:22 h.El Celta regresa a casa con urgencias. Un punto de nueve posibles en su triple viaje ha frenado en seco su escalada y lo ha devuelto al medio del atasco clasificatorio. Un mal lugar cuando la Liga ya asiste a su proceso de selección. Cierto es el discurso manido de que las Ligas no se ganan en febrero, pero el mismo cuento es aplicable a la inversa. Sí se pueden perder.
La visita del Castellón además va más allá del efecto estadístico. Puede permitir al Celta pegar un acelerón y superar además a un rival directo -llegan con dos puntos más a Vigo-, pero el choque de esta mañana le brinda además la posibilidad de vengar una afrenta y de confirmar que los fantasmas de Balaídos han desaparecido desde hace tiempo.
La escuadra orellut se ha convertido en una especie de bestia negra para el Celta desde que vaga de nuevo por Segunda. Tres partidos y tres derrotas, a cada cual más traumática. La del año pasado en Balaídos cuando el ascenso estaba a tiro (por primera y última vez), la de pasado otoño en Castalia con los blanquinegros pasando por encima del encogido colectivo celeste.
Y eso que toda la Liga conoce de memoria el juego del Castellón. Su querencia por negar los espacios atrás, el bastón de mando que luce Mario Rosas en el centro del campo y el estado de gracia de Ulloa en la punta del ataque. El argentino llega a Galicia con nueve goles en el zurrón.
De los equipos que lucen palmito en la terraza de la Liga quizás la escuadra de La Plana sea la más pragmática conjuntamente con la reconvertida Real Sociedad de Lillo; lo que supone una prueba de fuego para un Celta que le ha tomado la medida a los equipos que dejan espacios para la conducción pero que siempre se estrella contra defensas tupidas y expeditivas. Apostando por el fútbol cayeron en Balaídos Tenerife, Salamanca, Zaragoza y Hércules; pero colgados del larguero salieron vivos Rayo y Real Sociedad.
Será un test de enjundia para calibrar la fortaleza del Celta en su estadio, en donde le quedan once partidos en la segunda vuelta y en donde se va a jugar gran parte de sus opciones de ascenso. De superar la prueba los vigueses quedarán a dos puntos de la zona de ascenso tras los resultados de ayer, dejarán atrás a un rival directo (atención al golaverage , 2-0 en la ida) y recuperarán parte del terreno perdido en su peregrinar estéril de la dos últimas semanas. En caso contrario los vigueses podrían pasar del atasco a cerrar el pelotón de persecución.
De nuevo el equipo de Murcia está en el alambre, sin margen de error pero también con un cheque al portador en caso alcanzar la vía del éxito.