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La definición más franca realizada por un alto cargo sobre lo que nos está pasando la leí en una entrevista a Fernández Ordóñez: «La desconfianza es total. El mercado interbancario no funciona, los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan». Brutal definición de una crisis de círculos viciosos.
Fernández Ordóñez ascendió a gobernador del Banco de España después de ser secretario de Estado varias veces en ministerios de Economía dirigidos por Pedro Solbes, en tiempos de González y de Zapatero. La contundencia de la frase del gobernador sirvió para que se me fijase en la memoria, por eso ayer casi me salgo de la carretera al oír el primer mensaje radiado del 2009 de quien durante tantos años fue su jefe y sigue siendo vicepresidente económico: «Será un buen año».
Cambia el calendario, suma y sigue la lista de regulaciones de empleo, suben los servicios básicos y el transporte público, quienes tienen dinero no lo gastan y quienes quisieran gastarlo no pueden porque los bancos no se lo prestan, pero para Solbes será un buen año. El ministro lo empieza como lo acabó: desangrándose ante la opinión pública. Ante esa misma gente que le creyó cuando en las vísperas de las elecciones generales negó cualquier atisbo de crisis en España y que, en verano, volvió a confiar en él cuando espantaba los augurios de una recesión que finalmente sí ha llegado.
Quizá Solbes diga lo que dice contagiado por el optimismo de Zapatero; quizá teme que el presidente lo destierre por antipatriota; quizá no le dejan decir otra cosa para no perjudicar los intereses del PSOE en el primer semestre de un 2009 con elecciones gallegas, vascas y europeas. Lo que está claro es que a Fernández Ordóñez le faltó una cosa en la lapidaria frase recogida al inicio de esta columna: la desconfianza es total también porque los políticos no dicen la verdad.