Una pésima solución para la expulsión de Edu Moya

Juan Villar

VIGO

Es exagerado decir que los entrenadores, en realidad son alineadores, ya que los técnicos en realidad tienen mucha culpa del estilo de juego de un equipo. Pero es cierto que durante un partido, una de las pocas cosas que puede controlar, además de corregir detalles, son los cambios.

Pepe Murcia se excusó en jornadas anteriores de que solamente había hecho dos sustituciones porque el equipo estaba funcionando bien. Sin embargo ayer falló notablemente en los cambios el técnico andaluz.

El error mayúsculo comenzó en la confección de la convocatoria, al descartar en el último momento a Roberto Lago y quedarse sin ningún lateral en el banquillo. En cambio tenía a dos mediocentros recién salidos de lesiones, como Jonathan Vila y Borja Oubiña. La posibilidad de tener a siete futbolistas en el banquillo debería ser suficiente para tener recambios ante cualquier de las situaciones que se den en un partido, como lesiones y expulsiones.

Sin embargo, con la tarjeta roja que recibió Edu Moya en los últimos minutos del primer tiempo, Pepe Murcia no reaccionó bien. Si hubiese tenido a Roberto Lago podría darle entrada y pasar a Fajardo para la derecha.

Pero incluso sin el lateral zurdo tenía otras soluciones mejores que la que tomó. Tras el descanso bajó a Óscar Díaz al lateral derecho para tapar el hueco dejado por Edu Moya. Cualquiera que haya visto jugar al madrileño sabe que no tiene condiciones para defender. Ocurrió lo que tenía que ocurrir, en su banda había pasillo abierto para que los canarios profundizasen por la izquierda.

Dani Abalo entro por Ghilas para jugar por la izquierda, y de esa forma había otro futbolista desubicado. El Celta era un despropósito y no mostró en ningún momento capacidad de reacción.

Los penaltis de Rubén

Rubén tiene unas condiciones enormes como defensa central. La mayor parte de los partidos rinde a un nivel altísimo, sin embargo, los errores que somete son monumentales y acaban costándole demasiados goles al equipo. Le falta algo más de control sobre sí mismo en determinadas acciones.

El central céltico cometió ayer su tercer penalti de la temporada. Cuesta entender por qué sale a despejar un balón aérea con las manos por delante y separadas de la cara. Fue la jugada que permitió que el Las Palmas se adelantase en el marcador. Ya había cometido otros penaltis evitables en Castellón y en Huesca.

Independientemente de estos pequeños detalles, el Celta ayer no fue fiel a sí mismo, con una posesión de balón por debajo del cuarenta por ciento.