Estoy hasta las narices de Barak Obama. Cierto que no conozco a este señor, pero los que lo idolatran, tampoco. También estoy harto de escuchar las palabras «milagro», «cambio», «esperanza», «ilusión» y «sueño». Comienzo a detestar a este hombre, cuando ni siquiera ha llamado aún a Mudanzas Organero para instalarse en la Casa Blanca. Como todo ciudadano, llevo un año leyendo a diario algo sobre el senador de Illinois. Y, salvo que sé que va a retirar tropas de Irak -dejando allí nutridas bases militares-, poco más conozco de sus planes, excepto vagas generalidades sobre la popularización del seguro médico y la rebaja de impuestos a las clases medias, dos medidas que, para ejecutarse a un tiempo, exigen que, para el cargo de secretario del Tesoro, se nombre a David Copperfield o a Harry Potter.
Todo en Obama es una incógnita, pero por los comentarios de estos días, parece que este señor vaya a pagarnos a todos la hipoteca.
Con este presidente, se acabarán el paro, las guerras, el hambre en el mundo, la alopecia, la obesidad infantil, la caspa y las dificultades para encontrar aparcamiento. Todos los problemas de la Tierra, grandes y pequeños, van derechos a resolverse con Él, ese gran progresista al que votarían sin dudarlo Manuel Fraga o la duquesa de Alba, según manifestaron la pasada semana.
En algún diario, y en algún canal de televisión, he visto estos días entrevistas con los africanos que venden baratijas por la calle. Por lo visto, nos interesa conocer su análisis de la política estadounidense y, además, hasta qué punto celebran como propia la victoria de Obama. Sin embargo, esas entrevistas son racistas: ¿qué tiene que ver la comunidad afroamericana estadounidense con un africano inmigrante en Europa? ¿Que son negros? Porque, por si no lo sabe el entrevistador de turno, esos entrevistados hace muchos años que ya tienen, en sus países, presidentes negros.
¿Por qué razón tiene un especial interés preguntarles a ellos en lugar de a cualquier paisano que pasa por la calle? ¿Por su negritud? ¿Por su raza?
Para completar el panorama, escucho las declaraciones de Touriño, Quintana y Feijoo valorando la victoria de Obama. Y hasta ha hablado algún alcalde. Así que solo restan los telegramas oficiales de Baltar y de Louzán, expresando todo el apoyo de nuestras diputaciones provinciales.
En Vigo, echamos en falta un comunicado del Alcalde Pedáneo de Bembrive. Confiemos en que haya mandado una nota de felicitación a la Casa Blanca, junto a las pedanías de Pontellas, Atios y Morgadáns. Y no descarto que, en mi edificio, se convoque junta y se ponga nota en el tablón: «Mañana se enciende la calefacción. Y congratulations a Barak Obama: todos Yes we can, menos el del 3º B, que se abstiene».