«Se quejan de la crisis y yo llevo así toda la vida»

Xulio Vázquez

VIGO

Fue estafado, estuvo un año en la cárcel y vive en una casa abandonada en Vigo

10 sep 2008 . Actualizado a las 11:14 h.

Poco tiene que envidiarle en sus desdichas a Kunta Kinte, protagonista de una famosa película que llevaba su nombre y narraba las penalidades de un joven negro, que había sido raptado en África y explotado en América. Este hombre se llama Amar Ould Nehma (43 años) y el trato que le han dispensado en los once años que lleva en España nada tiene que ver con su nombre. Ningún tipo de caridad cristina porque, después de pasar un año en la cárcel de A Lama, vive desde hace unos meses en una casa abandonada, sin luz, ni agua. Por no tener, aún no ha conseguido ni los papeles y, en este momento, está sin trabajo.

«Se quejan de la crisis y yo llevo así toda la vida», dice como implorando al cielo que cambie su mala suerte. Pertenece a una familia mauritana de siete hermanos (cinco mujeres). Había muerto su padre y buscó la forma de salir de su país para conseguir una vida mejor y mandarles dinero. Tuvo que viajar unos 500 kilómetros, desplazándose desde la capital Nuakchott, donde vivían, hasta el puerto de Nuabidu. No le importó arriesgar su vida el día 2 de febrero de 1997 y subió como polizón en un barco de pesca coreano, que zarpaba con rumbo a Las Palmas. «Pasé la travesía escondido en una balsa salvavidas. Apenas comí algunos alimentos que habían dejado en ella durante los tres días de la travesía, temeroso de que me descubriesen porque me hubiesen arrojado al mar», afirma.

Antes era electricista y reparaba neumáticos, una vez en tierra canaria se puso a trabajar en la recogida de la fruta (plátanos, pimientos...). Estuvo varios meses, pero le hablaron de la posibilidad de desplazarse a Madrid y pedir asilo político para que no lo expulsaran de España. Su desconexión con la familia le privó de que le pudiesen enviar un pasaporte y no logró legalizar su situación.

Detenido

En la capital madrileña no le fueron bien las cosas. Buscaba trabajo y, con tal mala fortuna, que lo detuvo la policía en una redada contra la droga. Sin comerlo ni beberlo, pasó la noche en el calabozo, aunque lo dejaron en libertad al día siguiente.

Fue a Extremadura con unos feriantes para ayudarles a montar las atracciones en las fiestas. Llevaba 15 días trabajando con ellos en los coches eléctricos, pero alguien le comentó que no le iban a pagar y procurase marcharse sin que lo viesen. Puso pies en polvorosa, aunque le costó bastantes lágrimas y lamentos, pero lo escuchó un buen samaritano cuando se encontraba sentado en un banco y le dio el dinero para que pudiese regresar a Madrid en autobús (5.000 pesetas de la época).

Las desgracias a Amar Ould no le llegaban solas. Corría el año 2000 y se encontraba trabajando en la construcción de invernaderos en Almería. Cobraba tarde y mal, pero tenía para una cama y algo de comida, hasta que dejaron de pagarle y se le quedaron con 16.000 pesetas. Siempre le decía que fuese la semana que viene. Hasta ocho semanas en el globo de la miseria y explotó. Caminó varios kilómetros y se entrevistó con el deudor para proponerle un trato: «Prefiero esperar dos semanas más, pero quiero concretar un día para cobrar. Me dijo de nuevo que a la semana siguiente y que fuese el viernes, pero que lo llamase antes».

Pero hasta la cabina telefónica se puso en su contra porque le tragó la única moneda de 100 pesetas que tenía y no pudo llamarlo. Se presentó el día acordado en su oficina y le recriminó por no llamarlo, volviendo a darle largas y que volviese otro día. «Ya me habían echado de la pensión porque no tenía dinero y pasaba hambre. No pude comer durante todo el día», recuerda con amargura.

Ante tales circunstancias quiso intimidarlo con un palo para que le diese su dinero. Hubo un forcejeo y le hizo una pequeña herida en la frente. Vino la policía, fue detenido y quedó pendiente de juicio. No se celebró hasta bastantes años después. La sentencia la conoció en Galicia, cuando trabajaba descargando arena en el puerto de Marín. Cumplió el año de condena en la cárcel de A Lama.

Tras recuperar la libertad, sin papeles y si trabajo, vivía en una casa que tiene Cáritas en Vigo, pero una guatemalteca lo acusó de que le hacía fotos con el móvil y de fumar en el centro. Y lo echaron. «Es una mentirosa. Lo hizo para deshacerse de mí y estar ella más cómoda con su novio. Además, ni miraba para ella, si es feísima», dice abriendo los ojos ante tanta infamia.