AVE... ¡César!

VIGO

Ya ha llegado el AVE a Vigo. Pero, por ahora, solo en forma de saludo: AVE? ¡César! Tal es el adelanto que los comerciantes del Casco Vello han traído a nuestra ciudad, con su festival Vicus Romanorum, iniciativa de mucho mérito que lleva una semana amenizando el Vigo Vello. El otro, el AVE de verdad, el que significa «A toda VElocidad», tardará un poco más y probablemente, cuando llegue, será una tecnología obsoleta, una reliquia en la que pasearemos a los turistas, como en el Tren de la Fresa de Aranjuez.

Vigo es la «Barcelona del Atlántico» y, por lo tanto, la Ciudad Condal es un estupendo referente para saber cuándo tendremos nosotros un tren de alta velocidad. Si ellos, los barceloneses, disfrutan de este servicio desde el pasado febrero, ¿cuánto tardaremos nosotros para tenerlo? Si Barcelona ha esperado 16 años desde que se inauguró la línea con Sevilla, ¿qué nos hace pensar a los vigueses que tendremos el AVE en nuestra puerta dentro de cuatro?

Vistos con imparcialidad, los barceloneses tienen muchas más razones para estar enfadados que nosotros. Y es por ello que la fecha de «2012 más uno», que ahora se apunta, y que tiene un indudable toque Ángel Nieto, resulta poco creíble.

Yo no creo que el AVE llegue a Vigo antes del 2015. Y creo que peco de optimista. Del cinturón de circunvalación se hablaba en la ciudad en los años setenta. Y se terminó en el 2007. Aquí conocimos la palabra «autovía» antes de que hubiésemos visto ninguna. Con lo que bautizamos así a la carretera de Baiona sin arcenes, donde los vigueses, los domingos, practican un deporte de riesgo llamado ir en bici. Los turistas, cuando llegaban a Vigo, y los mandabas por la «autovía de la costa», se morían de risa. Algunos no paraban de reír hasta el Rocamar y luego se le atragantaban los percebes.

Las cosas a Vigo suelen llegar siempre tarde. Por eso tenemos por costumbre arreglárnoslas por nosotros mismos. Somos una especie de «selfmade city», una ciudad hecha a sí misma. Y eso explica que, aún viéndola y viviéndola, la queramos tanto. A lo largo de los siglos, nos decimos, hemos hecho lo que hemos podido, siempre sin ayuda de nadie. Y, en tales circunstancias, es lógico ser condescendiente.

Dudo mucho que el AVE llegue a Vigo en fecha. A veces, incluso que llegue. Por eso hay que agradecer la iniciativa de los comerciantes del Casco Vello, gente tan emprendedora que apuesta por un barrio que se cae, trabaja duro, lucha con ganas y hasta se permite hacernos fiestas para que todos nos divirtamos. Son unos valientes. Y les agradecemos que nos hayan traído el AVE, aunque sea como saludo: AVE? César!