El vigués -ojo y la viguesa también, aunque empleemos el neutro para ahorrar explicaciones- es un tipo sociable y, al tiempo, reivindicativo. Le encanta poner los puntos sobre las íes, de los otros, naturalmente. Es tan puntilloso que siempre encontrará motivos para crear una plataforma contra algo.
Y no lo hace por joder. No. Lo hace por el alto concepto que tiene de sus derechos. La cuestión alcanza tan altas cotas de especialización que ha creado la figura del director profesional de plataformas reivindicativas, algunos, sufridos a diario por todos los periodistas de la ciudad. Algún ingenuo incluso ya creyó oír que esta categoría profesional ha sido asumido con normalidad por las oficinas del Inem.
No es de extrañar. ¿Qué haría usted si le instalasen la cloaca máxima ante su casa o si vive en el verdor del rural vigués y alguien diseña desde su despacho una carretera por mitad de sus carballos?
Y es que los políticos, a veces, parece que no saben con quién se la juegan. El vigués es asociativo por naturaleza. Sabe que dos pesan más que uno, y que quien «non chora non mama». Por eso se agrupa para todo. Asociaciones vecinales, culturales, deportivas, sociales... Incluso hay una asociación que agrupa a los que hicieron la mili en la ETEA, que ya son ganas de asociarse.
Pero es que además, de tan crítico que es el vigués, crea asociaciones críticas con otras asociaciones de una misma naturaleza. La pureza de la reivindicación se desvía en ocasiones por sendas abruptas que no son respaldadas por todos los miembros de una asociación, plataforma o colectivo.
Por ello, hay en nuestra misma ciudad seis asociaciones de consumidores, 31 de mujeres o dos de separados y divorciados. Elija el tema que quiera y encontrará una asociación. Y si no la hay, créela y en breve contará con su legión de acólitos.
El vigués es sociable y reivindicativo. Y muy crítico con los políticos. Ahora, el vigués ha descubierto el blog para exponer sus críticas y reivindicaciones. Desde la virtualidad crea opiniones que rápidamente son contestadas, siempre desde el anonimato. Así que jamás se muestre rotundamente favorable a algo. Puede surgir una plataforma en su contra que le amargue la existencia.