Moaña tiene las «costeletas» contadas

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

20 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Y no es la de la angula de Tui, que también, sino la de la costeleta de Moaña. La carne de ternera criada al otro lado de la ría ha adquirido tal fama que, sobre todo en los restaurantes madrileños, se pagan a precio de oro los chuletones adjetivados con el nombre del municipio morracense. Esa fama fue la que llevó en su día a un grupo de parroquianos a sumar una nueva cita al más que abultado calendario gastronómico de la provincia. Fue un 19 de marzo de 1992.

Sí, la fiesta cumplió ayer sus primeros 16 años de vida. No es mucho tiempo, pero sí el suficiente como para ir pensando en tomar alguna bifurcación si se quiere hacer honor al nombre. Y es que el producto es tan escaso que, si Dios y los ganaderos no lo remedian, tiene los días contados. Si ha de hacerse caso al registro de animales, en Moaña quedan en total seis cabezas que puedan presumir de autóctonas.

Que qué tienen las terneras moañesas que no tengan otras. Pues según leí en un artículo de Víctor Freixanes que, a su vez, transcribía el saber culinario de Álvaro Cunqueiro, «o segredo está no primeiro raiolar do sol, cando o nacente bate naquelas caeiras do Morrazo e aloumiña o orbabllo da mañá. Non hai mellor carne, nin máis luminosa nin máis agradecida ca das xovencas de Moaña, aínda que en Moaña non haxa nin oubese nunca produción de xovencas, nin xatos, nin novelas, nin vitelas, nin vacas novas ou vellas para tales mesteres, e si moi bo camarón, excelente ameixa e estupendos salmonetes».

Como no es cosa de privar a los vecinos de un día de troula (ni ellos estarían dispuestos a consentirlo), el pregonero de la fiesta, Gonzalo Martínez, ofreció ayer una posible solución: cambiar las costeletas por los caballos. Y no, no se trataría de comer carne de caballo, sino de realizar una exhibición equina. En realidad estos animales siempre formaron parte la fiesta. Cada vez con mayor presencia. Ayer había más de medio centenar por las inmediaciones de la Xunqueira.

De hecho, uno de los premios de la jornada, precisamente en forma de escultura de caballo, lo recibió José Piñeiro, O Pompón. Fue la forma de agradecer a este nonagenario su importante aportación a la cabaña equina de la localidad. Bueno, en realidad la de su más que famoso semental. Dicen los ganaderos más veteranos del lugar que la prole de aquél es infinita en todo el contorno.

Aún hubo un segundo premio, curiosamente para otro José Piñeiro, en este caso carpintero de ribera de profesión. Sí, comparten nombre y apellido, pero no son familia. Pura coincidencia.

Una exhibición de corte de troncos completó el programa festivo, que congregó a centenares de personas.

Hasta el mejor escribano hace un borrón. Ayer hicimos uno en esta sección. Consistió en convocar con una semana de antelación al acto en recuerdo de la popular radiofonista que han organizado un grupo de amigos. La cita será el día 26 en el Centro Social Caixanova. Aclarado queda.