Esta vez de la mano de Nicolás Villar, que desde que supo que su proyecto era el elegido por la Fundación del museo vive sin vivir en él preparando hasta el último detalle antes del día D. En realidad habrá dos días D: el viernes y el martes próximos. El primero porque coincide con la fiesta inaugural -«he invitado a 500 personas», me decía ayer mientras un tanto estresado daba los penúltimos toques a la mudanza-, y el martes porque será cuando pase la primera prueba de fuego, la de enfrentarse a los clientes.
El caso es que después de unas más que largas vacaciones (obligadas), arte y cocina volverán a compartir techo. Es una noticia esperada, porque durante todos estos meses al museo le ha faltado una pata importante. Complementaria, pero pata, que ahora llega de la mano de Tempo, que es como se llamará el restaurante.
Una de las caras más amables del Marco, Marta Viana, me aconseja que no caiga en la tentación de prejuzgar el trabajo que puede hacer Nicolás por su edad. Pues no caigo. Porque es cierto que apenas ha cumplido los 26, pero no es menos que ya acumula siete años de experiencia, alguno al lado de maestros como Pepe Solla.
Que qué es lo que nos vamos a encontrar en Tempo, pues una mezcla de cocina de temporada y de nueva cocina. Y dosis ingentes de ilusión. Le pido que vaya a lo concreto, es decir, a la carta. Así es como sé de primera mano que los chocos en su tinta van a ser uno de los platos estrella. O que habrá caza. O que buena parte de la carne será ecológica. O que en la lista de postres nunca faltarán los helados caseros, incluidas dos o tres especiales para diabéticos.
Así supe también que los productos de la huerta y las hierbas aromáticas se las currará personalmente. Dispone de una parcela de 500 metros cuadrados en su querido Domaio que, en unas pocas semanas, estarán cuajados de verduras y hortalizas de temporada. Pues eso, que es momento de darle tiempo al Tempo.
Curiosamente, a contados metros del Marco. Y es que la plaza de la Farola fue el escenario elegido ayer por el Bloquinho da Salgueira para presentarse en sociedad. El nombre deja claro que, aunque los blocos de samba nos transportan a Brasil, el que nos ocupa ha nacido bien cerca, en concreto en el barrio de la Salgueira.
Integrado por una docena de percusionistas, realizaron ayer una recorrido por algunos de los ritmos carnavaleros más representativos.
Una cosa quedó clara, la gente tiene ganas de marcha porque, a medida que se iban metiendo en harina, los viandantes que se encontraron con tan improvisada actuación, fueron haciendo corro. Y sólo es un aperitivo de lo que nos espera.
Como para no estarlo. Un nutrido grupo de nadadores del club participó este fin de semana en el Campeonato de España Open de Invierno y llegaron cargaditos de medallas. En total seis de oro, diez de plata y cuatro de bronce. Los agraciados fueron Cristina Steimbruggen, Ana González-Alegre, Francisco Javier Herrero, Manuel Rodríguez, Ignacio Vizcaíno y Julio Rica.
Pero aún tienen más buenas noticias, en este caso con Luis Leiro como protagonista. El caso es que ha sido llamado por la Federación Española para que se concentre con el equipo nacional junior. Dicen los que saben de esto que Luis tiene algo más que madera. Pues eso.
De Ponteareas. La cuentacuentos hará lo que mejor sabe, narrar historias que enganchan a todos. La cita será mañana. Graciela se crió acunada por refranes, canciones y cuentos de sus abuelos. Ahora es ella la transmisora.