Aparcamiento vigilado por la cara

VIGO

Decenas de transportistas aprovechan los guardias que pagan las empresas del polígono de A Granxa para dejar allí sus camiones los fines de semana y festivos

15 ene 2008 . Actualizado a las 11:49 h.

Empresas vacías y aparcamientos llenos. Los fines de semana en A Granxa contradicen la tónica de los polígonos empresariales, que en su mayoría se convierten en parques fantasmas. Los arcenes de sus avenidas están llenas de decenas de gabarras, la parte de atrás de los tráileres, y otros vehículos de gran tonelaje. Su labor no tiene nada que ver con las naves que los rodean, pero sus propietarios aprovechan la vigilancia privada de la zona para dejar allí los camiones.

La llegada masiva se produce los viernes por la tarde para ser recogidos luego el lunes por la mañana, un movimiento que se puede constatar también los días festivos. Incluso hay algunos que permanecen aparcados durante semanas o meses, sin que se pueda remediar.

«Hay uno sin matrículas que lleva allí meses y está abandonado, ya hemos pedido en varias ocasiones que lo retiren pero aún no lo hemos conseguido», comentan desde la Entidad Urbanística Gestora de A Granxa.

Los propietarios son transportistas del sur de la provincia y del norte de Portugal, porque la costumbre en los últimos años ha incluso traspasado las fronteras.

Con la ley a favor

Los vehículos están amparados por la ley, ya que la zona es pública y nadie les puede prohibir estacionar allí. Sin embargo, los empresarios están preocupados e indignados porque otros se beneficien del dinero que ellos invierten, puesto que la seguridad es la mayor partida de sus presupuestos anuales.

Las 150 empresas del parque tienen que sufragar unos gasto de «varios millones al año para poder mantener el servicio», que consiste en dos vigilantes que recorren durante las 24 horas del día toda la zona y un sistema de cámaras.

En el caso de que descubran algún incidente o suceso, estos trabajadores se encargan de alertar a las fuerzas de seguridad. Como complemento, algunas firmas cuentan también con su propio vigilante de seguridad privado.

La tarea de los guardas se complica porque en los paseos los camiones les tapan la visibilidad de las firmas, aunque no son los únicos inconvenientes que generan. «Como algunos se quedan aquí mucho tiempo, también restan lugares de aparcamiento para los trabajadores de las empresas», apunta el gerente del polígono, David Sobral.

Por ello los empresarios llevan meses solicitando al Concello que lleve a pleno una ordenanza para que prohíba el aparcamiento de vehículos sin motor, ya que la mayoría de ellos se llevan la cabeza tractora de los camiones tras dejar allí la gabarra.