Alexandro Lecquio dijo que volverá a Vigo en el puente de los Santos. Y vino. La promesa la hizo el pasado 16 de octubre, después de un viaje (de trabajo) relámpago al Salón Delicatessen. Tanto le gustó lo poco que vio entonces que quiso más, sobre todo cuando le explicaron que no tendría que renunciar al golf, una de sus aficiones favoritas.
Siguiendo la máxima de que es mejor no dejar para mañana lo que pueda hacerse hoy, lo primero que hizo en cuanto regresó a Madrid fue reservar hotel. Al final el destino elegido fue el Balneario de Mondariz. Por el golf, pero también por los tratamientos y, sobre todo, por la discreción. Es fácil pasar desapercibido, que es lo que le gusta ahora, en un entorno así. Porque, claro, Alexandro no vino solo. Le acompañaba Susana, su amor.
Uno y otra aprovecharon para hacerse mil y un tratamientos. El buscaba, sobre todo, alivio para su dolorida espalda, sin duda producto de tantos golpes golfistas. Entre masaje y masaje descubrió los beneficios del agua de Gándara para su constipado y también se dedicó a la bebida con entusiasmo. Tres vasos al día como mandan los cánones. Máxime después de coincidir en la fuente con unos abueletes fuertes como ferrotes asiduos al agua.
Con lo que seguro que no esperaba toparse Lecquio en el Balneario era con parte del álbum familiar. Cuando descubrió colgada en la pared una fotografía Alfonso XIII, su tatarabuelo, quiso saber más. Le explicaron entonces que están enfrascados en un proyecto de recuperación de la memoria histórica de la villa termal. Le contaron también que, además de su tatarabuelo, la que visitaba Mondariz con frecuencia era Isabel de Borbón, La Chata, a la sazón tía-abuela de Lecquio. Si es que este mundo es un pañuelo, debió de pensar.
Camuflada bajo gorras deportivas, grandes gafas de sol y cazadoras con cuello subido, la pareja Alexandro-Susana no se privó de hacer excursiones. A Santiago, a Combarro (que les enamoró), a Vigo, a Baiona... Encontraron tiempo para todo porque, pese a lo que pudiera parecer, son adictos a los madrugones. Y desde ahora a la gastronomía gallega, por la que también hicieron un recorrido de lujo.
Me cuentan que se fueron con pena, que esto les ha enganchado y que piensan volver enseguida porque, entre otras asignaturas pendientes, les quedaron las Cíes. No sería de extrañar que cualquier día descubriéramos que son nuestros vecinos. Al tiempo.
Ya nos hemos acostumbrado a que, allá adonde vaya, las actuaciones de Chano Rodríguez se cuenten por victorias. Por eso ya nos pilla por sorpresa que este fin de semana, que competía en Inglaterra, haya vuelto a hacer el más difícil todavía.
La única diferencia respecto a otras victorias es que ésta (en realidad éstas) las logró en una piscina de 25 metros en lugar de la habitual de 50. Al final regresó a Vigo con tres medallas de oro y otros tantos récords del mundo en 50 metros, en 100 metros y en 4x50 estilo, con unos tiempos cuasi imposibles en todos los casos. Sólo se le resistieron los 200 metros. Y cuando digo que se le resistieron quiero decir que fue plata. Ojo a Chano porque las olimpiadas de Pekín están a tiro de piedra.
Y bocados de alta gama. Pudieron degustarlos los asistentes a la reunión eno-gastronómica que ayer celebró en el hotel NH Gallega de de Hostelería y Alimentación. Es una de las citas fijas del calendario degustativo destinado a profesionales que nadie quiere perderse. Lo sabe bien Milton Fernández y presume de ello.
Imposible contar quién estaba porque no hay sitio en la sección para tanto nombre. Se me ocurre que puedo poner uno que los represente a todos. Por ejemplo, Asunta Vázquez. Ahora entiendo porque en su Dona Branca hay tan buenos caldos.
En el capítulo comida, la estrella del encuentro fue la empanada de algas con cangrejo. En el de vinos, los que no fallan son los que llevan el marchamo de Mariano García, el enólogo que puede presumir de conocer los secretos de Vega Sicilia, donde trabajó muchos años. Ahora hace tiempo que vuela solo.