La novela de Luís Rei es abundante en anécdotas y escenas de bohemia que emparentan a personajes como el poeta Avilés de Taramancos y el propio Lugrís con el Max Estrella de Valle-Inclán. Escritor y pintor fueron inseparables durante los años que Avilés simulaba estudiar Náutica en A Coruña, y juntos colaboraron en iniciativas ya míticas como la revista Atlántida en los cincuenta.
El Café Galicia
El ambiente intelectual que se reunía en el coruñés Café Galicia es otro de los pilares de la novela, y de allí parte una de las aventuras más poéticas del libro: Avilés encabeza una expedición para grabar el viento nordés de Fisterra, para que suene en la obra teatral Don Hamlet de Cunqueiro. A pesar de las buenas intenciones del grupo de literatos, el libro cuenta cómo los ánimos flojean y alguien propone que no es necesario ir desde A Coruña hasta Fisterra para grabar un viento que también puede ser registrado en una localidad más cercana como Caión. Finalmente, la poesía se impone a la práctica y el viento se graba en el fin del mundo romano.
Otro de los episodios más divertidos que cuenta Rei sucede cuando Lugrís recibe el encargo de decorar los camarotes del yate Azor de Franco. Una pareja de la Guardia Civil pasaba todos los días por la casa del noctámbulo artista para asegurarse de que acudiese al trabajo.